Una crisis bursátil más


Estas últimas semanas estamos asistiendo a una nueva crisis bursátil. Los índices globales están cayendo con fuerza y hay mucha incertidumbre sobre lo que ocurrirá en el futuro. En este artículo quiero por un lado mostraros datos históricos de las mayores caídas que se han registrado a nivel global para poner en contexto estas caídas recientes que son efectivamente muy significativas, y por otro, lanzar un mensaje de tranquilidad.

Por lo que vemos, tenemos clientes realmente centrados en el largo plazo. Desde máximos (19/02/2020) hasta el 12/03/2020, nuestros clientes han hecho aportaciones netas muy positivas, a pesar de las caídas: +22 millones de euros de aportaciones netas (+30M€ aportaciones y -8M€ retiradas). Por esta razón, hemos pensado mucho sobre si escribir este artículo ya que nada puede asustar más que un mensaje de tranquilidad no solicitado.

No obstante como tenemos varios clientes que nos preguntan qué opinamos sobre la situación actual y como en marzo hemos visto salidas por un 4% del patrimonio (cuatro veces lo habitual) he decidido escribir estas líneas para trasladar un mensaje claro: “Es otra crisis más, y como todas las anteriores pasará”.

Dicho esto, antes de entrar en detalles, me gustaría dar ánimos a todos los afectados por la enfermedad y sobre todo deseo su más pronta recuperación. Como sociedad, estás son las ocasiones en las que podemos demostrar que sabemos estar a la altura cuando es necesario.

Mayores caídas anuales del índice MSCI World

Actualización 27/03/2020: para dar más perspectiva aún, añadimos la tabla de las mayores caídas anuales.
A continuación adjunto una tabla con las mayores caídas anuales desde 1970. Como se puede observar, la caída que llevamos en el año 2020 (actualizado hasta el día 30 de marzo) sería la tercera mayor caída anual desde hace 50 años si tenemos en cuenta los tres primeros meses del año, o la octava si tenemos en cuenta la rentabilidad de los últimos 12 meses.

Ranking Mayor caída (%) Mayor caída (año) Comentario
1 -40,4% 2008 Caída de Lehman Brothers y crisis bancaria global
2 -27,8% 1974 Crisis del petróleo
-20,2% YTD* 30/03/2020 Crisis del Covid-19 (año en curso)
3 -19,5% 2002 Crisis de las “punto com”
4 -18,7% 1990 Crisis global
5 -17,1% 1973 Crisis del petróleo
6 -16,5% 2001 Crisis de las “punto com”
7 -12,9% 2000 Crisis de las “punto com”
-9,0% 30/03/2019 – 30/03/2020 Crisis del Covid-19 (últimos 12 meses)
8 -8,2% 2018 Tensión comercial EEUU – China
9 -7,9% 1981 Recesión en EEUU
10 -7,1% 1992 Crisis global
*YTD = “Year To Date”, año en curso hasta la fecha indicada

Mayores caídas mensuales del índice MSCI World

A continuación adjunto una tabla con las mayores caídas mensuales desde 1970. Como se puede observar, la caída que llevamos en marzo (actualizado hasta el día 30) sería la quinta mayor caída mensual desde hace 50 años mientras que la caída de febrero estaría mucho más abajo en el puesto 21.

Ranking Mayor caída (%) Mayor caída  (mes) Comentario
1 -18,9% oct/2008 Caída de Lehman Brothers y crisis bancaria global
2 -17,1% oct/1987 Crisis EEUU (“lunes negro”)
3 -13,3% ago/1998 Quiebra de Rusia
4 -13,2% nov/1973 Crisis del petróleo
-12,3% 30/mar/2020 Crisis del Covid-19 (mes parcial)
5 -11,9% sep/2008 Crisis bancaria global
6 -11,1% mar/1980 Recesión en EEUU
7 -11,0% sep/2002 Crisis de las “punto com”
8 -10,8% sep/1990 Crisis global
9 -10,2% feb/2009 Crisis bancaria global
10 -9,9% ago/1974 Crisis del petróleo
21 -8,4% feb/2020 Crisis del Covid-19

Esta vez no es diferente

De acuerdo con la tabla anterior, sin ser el peor momento de los últimos 50 años, las caídas que estamos viviendo acabarán estando muy probablemente en el podio de las crisis bursátiles. No obstante espero que la tabla anterior os transmita el mensaje que quiero haceros llegar: esta crisis no tiene nada de especial. En el pasado ha habido muchas otras y os puedo asegurar que en muchas de ellas parecía igual que ahora que el mundo se iba a parar pero que finalmente, tras un parón más o menos prolongado, la economía global volvió a su senda de crecimiento y con ello las bolsas también. Desde 1970 hasta la fecha actual (30/03/2020) la rentabilidad anual del MSCI World ha sido de un 7,2% anual incluyendo reinversión de dividendos (5,7% sin dividendos) lo cual muestra muy bien como todas las crisis bursátiles anteriores no fueron más que baches en el camino. Es más, la cartera promedio de Indexa (6/10) desde nuestro lanzamiento hasta el día 30 de marzo ha rentado un 2,8% anual, dato que esta muy cerca de la rentabilidad esperada que teníamos para ese plan en nuestros inicios.

Personalmente viví en primera persona, con dinero propio y responsabilidad de dinero de clientes, dos crisis cuando efectivamente parecía que la economía iba a implosionar: la gran recesión global de 2008 y la crisis de deuda europea de 2012. En el primer caso durante una semana quebraron varias de las mayores entidades financieras y aseguradoras mientras el resto caían en bolsa un 20% un día tras otro. En el segundo, tras presenciar la quiebra de la deuda pública griega, vimos subir la prima de riesgo de los bonos de países periféricos (España e Italia entre otros) hasta niveles insostenibles mientras la posibilidad de que la zona euro se rompiera cada vez parecía más plausible. Os puedo asegurar que no era nada obvio pensar que tras unos años todo aquello quedara atrás.

Ahora nos encontramos, 12 y 8 años después respectivamente, preocupados por una potencial crisis global provocada por el aislamiento forzado para evitar el contagio de un virus. En este momento es bueno acordarse de que hemos dejado atrás las dos crisis anteriores que, como he comentado, fueron muy virulentas.

Lo que me gustaría que vierais como yo, es que dentro de un tiempo, esta crisis muy probablemente también habrá quedado atrás a pesar de que “esta vez parece que es diferente” y posiblemente estaremos preocupados por la siguiente crisis, y si no, estaremos preocupados porque las valoraciones de los activos parecerán altas.

Invertir supone pasar por estos baches con el rumbo firme. No dejes que las noticias y el ruido gestionen tu patrimonio.

Ahora no hagas nada

Por tanto, alguien podría decir que ante semejantes caídas lo más razonable es ser prudente y vender para esperar con más tranquilidad a un mejor momento para invertir, o al revés, otros podrían decidir que ahora que ha habido estas caídas es un buen momento para invertir ese efectivo que se tenía apartado para comprar en estas ocasiones.

Nuestra recomendación siempre será la misma: no hagas nada que no estuvieras haciendo ya. La razón es que al elegir el momento de invertir o desinvertir, los datos dicen que en media perderás rentabilidad. Igual tienes suerte y vender o comprar ahora te haga ganar algo más, pero es lo menos probable.

Tu perfil

Estos momentos de caídas son un muy buen test para ver si tu perfil de riesgo era el adecuado. Si estás intranquilo y notas que tu dinero te está preocupando probablemente tengas un perfil demasiado alto. Nuestra recomendación es de nuevo que ahora no hagas nada. Más adelante, cuando todo haya pasado, podrás hacer un buen balance y ver si conviene revisar a la baja tu perfil de riesgo o no.

Conclusión

Desde Indexa, hemos dedicado mucho tiempo y esfuerzo en tratar de anticiparos que momentos como el actual llegarían. Hace 5 meses te proponíamos firmar un contrato contigo mismo para intentar evitar que retires el dinero en momentos de caídas. Hace sólo dos meses titulábamos nuestro informe de rentabilidad mensual “2019 ha sido un año extraordinario ¿soportarás un año de rentabilidades igualmente negativas?“. Lamentablemente, se ha dado esta situación. Se que en momentos como el actual es muy difícil mantener el rumbo, pero espero que los datos que hemos mostrado anteriormente os ayuden a reforzar vuestra determinación. Porque al final, conviene siempre fijarse más en los datos que en las sensaciones como el miedo o la avaricia.

El activismo de los fondos indexados


El patrimonio gestionado de los fondos indexados aumenta año tras año y tres gestoras indexadas están recogiendo la mayor parte de este crecimiento: Vanguard, iShares (que pertenece a Blackrock) y State Street Global Advisors (SSGA). Como consecuencia, entre los fondos de estas tres gestoras se alcanzan posiciones de control muy significativas en las mayores empresas cotizadas del mundo, como por ejemplo un 18% de Apple a finales de 2019, el doble que 10 años antes.

Cada vez más voces (habitualmente voces que provienen de los gestores activos que en los últimos años se han quedado muy rezagados en términos de rentabilidad en comparación con los fondos indexados) alertan de que los fondos indexados, al no ser activos, no van a ser capaces de controlar a los directivos de las empresas cotizadas (ej. “The Hidden Dangers of the Great Index Fund Takeover”, Bloomberg Businessweek 9/01/2020). Alertan de un problema clásico de agencia, por el cual, los directivos se aprovechan de los accionistas, asignándose retribuciones desmesuradas y no relacionadas con su nivel de desempeño.

Lo cierto es que no es así. Todas las gestoras de fondos indexados tienen políticas muy bien definidas en relación a las diferentes votaciones que surgen a nivel de junta de accionistas. El objetivo de estas políticas es maximizar la rentabilidad a largo plazo de los partícipes de los fondos indexados.

En este artículo vamos a resumir el contenido de estas políticas de Vanguard en particular, ya que es la gestora de la mayoría de los fondos de nuestras carteras de fondos, pero existen políticas similares para las otras gestoras indexadas.

Vanguard Proxy Voting

En el caso de Vanguard, las políticas se centran en cuatro pilares:

  1. Composición y efectividad del Consejo de Administración, que analiza cuestiones relacionadas con la idoneidad e independencia del máximo órgano de administración.
  2. Supervisión de la estrategia y riesgo que trata de políticas de votaciones sobre ampliaciones de capital, fusiones y adquisiciones y en general eventos corporativos.
  3. Compensación del equipo directivo que debe estar alineada con la rentabilidad a largo plazo de los accionistas.
  4. Estructuras de gobierno que buscan facilitar los cambios de control y las votaciones libres y representativas.

El documento “Summary of the proxy voting policy for U.S. portfolio companies”(“Resumen de la política de delegación de votos para las empresas estadounidenses”) está disponible online y a lo largo de 20 páginas desgrana los casos en los que votará sistemáticamente a favor, en contra, o caso por caso. Hemos destacado algunos ejemplos que esperamos sean de vuestro interés. Personalmente he aprendido mucho ya que este manual es un compendio muy práctico de problemas de agencia que pueden surgir entre directivos y accionistas.

Asimismo, se puede consultar también online lo que ha votado cada uno de los fondos de Vanguard en la última junta de accionistas. Como se puede observar en el documento habitualmente se vota a favor de las propuestas de la empresa y en contra de las propuestas de los accionistas, pero es habitual ver votaciones en el sentido contrario.

Pilar I: Composición del consejo y efectividad

  • Conseguir consejos de administración donde los consejeros independientes son mayoría.
  • Conseguir que los comités clave (auditoría, remuneración y nombramientos) tengan miembros mayoritariamente independientes.
  • Buscar la exclusividad del Consejero Delegado (vota en contra de que el Consejero Delegado sea consejero en otras empresas).
  • Buscar que ningún consejero sea miembro de más de cinco consejos.
  • Votar en contra de la elección de los consejeros que no compartan las políticas anteriores.
  • Votar en contra de la elección de miembros del comité de compensaciones que no propongan consultar a los accionistas sobre las políticas de compensación (“Say on Pay policies”)
  • Votar en contra de políticas de compensación consideradas abusivas. Por ejemplo, programas de retribución de opciones sobre acciones de tipología “repricing”, “evergreen” o “reload”.
  • Votar en contra del nombramiento de aquel miembro del consejo o comité que vote en contra de las propuestas que contaran el año anterior con más del 50% de apoyo de accionistas financieros.
  • Votar en contra de la reelección de consejeros que no acudan al 75% de los consejos.
  • En general no votar a favor de separar el cargo de presidente y CEO salvo que existan factores de riesgo adicionales.
  • Votar a favor de propuestas de accionistas que busquen implantar políticas de diversidad (por ejemplo de género y nacionalidad) y aumentar la transparencia de la información relacionada.

Pilar II: Supervisión de la estrategia y riesgo

  • En general votar a favor de ampliaciones de capital mientras la dilución sea inferior al 100%.
  • En general votar también a favor de realizar “reverse stock splits” (operación que supone cambiar varias acciones por una de un precio superior para reducir costes).
  • En votaciones relativas a fusiones y adquisiciones votar caso por caso en función de la valoración, posición del consejo, reacción del mercado, expectativas de largo plazo, opiniones de asesores financieros independientes terceros.
  • Votar en general a favor de propuestas que busquen aumentar la transparencia en políticas ISG pero que no sean demasiado restrictivas para el equipo gestor
  • Votar caso por caso en cuestiones de transparencia hacia los empleados y a favor de crear políticas de inclusión y diversidad de identidad u orientación sexual o clases protegidas.
  • Votar caso por caso a la hora de elegir el auditor de cuentas.

Pilar III: Compensación

  • El principio que rige las políticas de compensación es alinear el pago con el desempeño y favorecer la retribución que mejore el valor para el accionista a largo plazo.
  • En los planes de compensación, consideran factores de riesgo:
    • que la retribución esté por encima de empresas similares si la rentabilidad para el accionista está por debajo,
    • que el plan de largo plazo sea inferior al 50% de la retribución total,
    • que el periodo de computo sea inferior a tres años, o
    • que el pago total esté por encima de la mediana del sector.
  • Votar a favor de propuestas del equipo gestor a promover una votación “Say on Pay” anual (que los accionistas puedan votar anualmente sobre la remuneración de los consejeros).
  • En general votar a favor de las protecciones al equipo gestor (“golden parachutes”) mientras no se consideren excesivos o no razonables (por ejemplo si son inferiores a tres salarios anuales y no incluyen el pago de impuestos del directivo).
  • A la hora de incorporar acciones en la compensación:
    • buscar que los altos ejecutivos posean un múltiplo significativo de su salario anual,
    • fomentar los periodos de devengo (“vesting”),
    • fomentar que el pago en acciones sea un sustituto al pago en efectivo (y no algo adicional),
    • evitar que la dilución exceda al 20% de las acciones en circulación,
    • evitar que los planes de stock options permitan cambiar el precio de ejercicio sin la aprobación de los accionistas
    • evitar que se contemplen opciones “reload” (que otorgan opciones adicionales tras la ejecución de la opción), o tengan la característica “evergreen” (que son planes de opciones sin vencimiento que garantizan un porcentaje de las acciones en emisión cada año).

Pilar IV: Estructuras de gobierno

  • El fondo votará a favor de evitar que las elecciones a los consejeros sean parciales (“staggered boards”). Votará también a favor de eliminar el voto acumulado (por el cual un consejero puede tener varios votos)
  • El fondo votará a favor de permitir a un accionista, o grupo de hasta 20 accionistas representando como mínimo el 3% durante 3 años, nominar el 20% de los asientos en el consejo.
  • Como principio evitará las acciones con voto y sin voto, siguiendo siempre el principio de una acción un voto.
  • El fondo votará en general en contra de las cláusulas que dificulten la adquisición de la compañía (“poison pills”).
  • Se votará en general contra las propuestas de adoptar requisitos de supermayorías y a favor de eliminar las existentes y se votará a favor de implantar el voto secreto
  • Se votará en general en contra de reducir los requerimientos de quorum inferiores a la mayoría para las juntas de accionistas.
Personalmente esta lectura de los criterios de Vanguard me ha enseñado mucho sobre gobierno corporativo y sobre los múltiplos trucos que suelen usar los directivos para quedarse con una mayor parte de la creación de valor, en perjuicio de los accionistas. También he podido comprobar que es un tema que las grandes gestoras de fondos indexados se toman muy en serio y que la indexación es compatible con el activismo en defensa de los intereses de los inversores.

Los fondos de gestión activa son peores que el índice en subidas y en bajadas de mercado


Recientemente hemos leído en varios medios (como por ejemplo “La prueba de fuego para la gestión pasiva” en El País) como los gestores activos admiten que en los últimos años, los fondos indexados han obtenido mejores rentabilidades que los fondos de gestión activa pero, a continuación, advierten que la razón es que han sido años positivos y “en años alcistas es muy difícil superar a los índices” porque “todo sube” pero que en los años de caídas es cuando más valor aporta la gestión activa ya que entonces los índices “no te protegen de las caídas” mientras que los gestores activos según ellos sí lo hacen.

En Indexa, como siempre, hemos acudido a los datos para contrastar esta afirmación: ¿Es cierto que los fondos de gestión activa lo hacen mejor que los índices en bajadas de mercado? Para ello hemos utilizados los datos SPIVA (Standard & Poors Indices Versus Active) que preparan desde S&P Global. En particular, hemos analizado si se puede encontrar alguna relación entre la rentabilidad del índice entre los años 2001 y 2018 y el porcentaje de fondos domésticos de Estados Unidos (“All domestic funds”) que baten al índice S&P Composite 1500 ya que es la categoría más representativa y que más fondos incluye. En los informes se pueden encontrar muchos más datos, ya que realizan el mismo análisis diferenciando por el foco de tamaño (pequeñas, medianas o grandes empresas) y estilo (growth o value). El período elegido es el máximo para el cual SPIVA realiza los estudios y consideramos que es adecuado para responder a la pregunta que nos planteamos ya que incorpora tres años significativamente negativos (2001, 2002 y 2008).

Los gestores activos no protegen de las caídas

Si comparamos la rentabilidad de un año del índice con el porcentaje de fondos domésticos que lo hacen mejor que el índice observamos que, de haber alguna relación, en realidad es la contraria: en años de caídas bursátiles, el porcentaje de fondos que lo hacen peor que el índice es mayor (ver gráfica a continuación).

Fondos que baten al índice periodo 1 año

Teniendo en cuenta que la significatividad de la regresión es muy baja, lo mejor que podemos decir es que no existe ninguna relación entre el porcentaje de fondos que baten al índice y la rentabilidad del índice en el último año. El porcentaje de fondos que no bate al índice a un año oscila entre 40,7% (año 2009, cuando la bolsa subió un 27,2%) y 86,9% (año 2014, cuando la bolsa subió un 13,1%) y la media es 59,6%. El año en el que menos fondos lo han hecho peor que el índice coincide con el segundo año de mayores subidas de la muestra, justo lo contrario de lo que afirman los gestores activos.

Para aquellos de nuestros lectores habituales que estén sorprendidos de que haya años donde haya más fondos de gestión activa que después de comisiones lo hagan mejor que los índices, hay que tener en cuenta que en períodos cortos de tiempo la ventaja competitiva de los índices (menores comisiones) no es tanta como para anular el efecto de buena suerte que puedan tener los gestores activos a la hora de hacer sus inversiones. Los datos que solemos resaltar en nuestros estudios suelen ser de 10 años o más.

En nuestra opinión el gráfico que hemos presentado ofrece una fuerte evidencia en contra de la afirmación de que los gestores activos lo hacen mejor en épocas de caídas. No obstante, y para salir de dudas, hemos realizado el mismo análisis utilizando rentabilidades y porcentajes a 5 años y 10 años. En el caso de 5 años, disponemos de los datos de SPIVA para el período 2008 a 2018 (que tiene en cuenta rentabilidades entre 2003 y 2018) y para 10 años entre los años 2014 y 2018 (que tiene en cuenta rentabilidades entre 2004y 2018). Hay que tener en cuenta que al haber menos observaciones los resultados serán menos significativos que en el caso anterior.

Los resultados son los siguientes:

Fondos que baten al índice periodo 5 años

Fondos que baten al índice periodo 10 años

Podemos realizar los siguientes comentarios sobre los resultados obtenidos:

  • A 5 años hay cierta correlación positiva entre el porcentaje de fondos que no baten al índice y la rentabilidad del índice. El R2 no obstante es bajo (28%) y no hay significancia estadística de esta relación al 95% de confianza. Por tanto, de nuevo, lo más que podemos decir es que no existe ninguna relación entre rentabilidad del índice y porcentaje de fondos de gestión activa que no baten al índice.
  • A 10 años, sólo contamos con 5 puntos, pero de nuevo, no se aprecia ninguna relación.
  • Lo que sí es muy destacable es que a medida que se amplía el plazo, el porcentaje medio de fondos que no baten a sus índices de referencia aumenta significativamente: pasa del 59,6% a un año, a 73,2% a 5 años y 82,7% a 10 años (ver gráfico debajo).

Fondos que baten al índice 1 a 10 años
Se podría repetir este mismo análisis con fondos de otros estilos o tamaños e incluso con fondos domiciliados en otras geografías (Europa o Asia) y los resultados deberían ser similares. Y la razón por la que esperamos que sea así, es que en realidad un cálculo muy sencillo que ilustró Warren Buffett lo demuestra:

Imaginemos que el mercado estuviera formado por 100 gestores de fondos y todos ellos tienen inicialmente una centésima parte de todas las empresas del mundo.  Ahora imaginemos que 50 de ellos no hacen nada (son gestores indexados), mientras que el resto se cambia acciones entre ellos y pagan elevadas comisiones a asesores y gestores de pongamos el 2% anual (son gestores activos).

Ahora esperemos un año. Los dos grupos tendrán antes de comisiones la misma rentabilidad ya que como grupo empiezan con la misma cartera y acaban con la misma cartera, pero el grupo de los indexados tendrá en media un 2% de mayor rentabilidad después de comisiones. Si esperamos 10 años, entonces en media el grupo indexado lo habrá hecho mejor un 20% (en realidad más porque se componen las comisiones). Por tanto, a 10 años habrá un porcentaje menor de fondos activos que lo hacen mejor que el índice que a 1 año.

Si eres un lector atento objetarás que esta simplificación no es compatible con observar períodos de 1 año donde la mayoría de los fondos lo hacen mejor que el índice (como ocasionalmente se observa). La forma de explicar esta aparente paradoja es que en realidad, hay otros inversores además de gestores de fondos (inversores individuales, family offices, bancos y aseguradoras que invierten directamente en acciones) y por tanto, si esos otros gestores también son activos, esto hace posible que haya años que lo hagan peor que el índice para beneficio de los gestores de fondos que son los que se miden en las comparativas de SPIVA. Por volver al ejemplo anterior de los 50 inversores activos, 25 podrían ser fondos activos y otros 25 inversores directos que no aparecen en los estudios.

Conclusión

No existe ninguna evidencia de que los fondos de gestión activa tengan mejor comportamiento en períodos de caídas que en períodos de subidas. La única evidencia real que existe es que a medida que se amplía el plazo de inversión, más difícil es que tu gestor activo lo haga mejor que el índice ya que las comisiones se amontonan y ponen cada vez más alta la barrera a superar.

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Limitaciones de la indexación global pura


En Indexa somos unos firmes defensores de la indexación global por capitalización y de evitar a toda costa el sesgo local (“home bias”) que habitualmente tienen los inversores y los gestores.

Como mostramos en un nuestro artículo a ”El homo indexatus, invertir a largo plazo y los cisnes negros”, un inversor desde 1899 hasta la actualidad que se hubiera indexado al mundo habría obtenido una rentabilidad real de 5,0% anual (esto significa que hubiera aumentado un 5% su poder adquisitivo cada año y que se hubiera duplicado el valor real de la cartera cada 14 años). Esta rentabilidad es muy significativa y más que suficiente, pero además se consigue con un riesgo menor que eligiendo un país concreto ya que la diversificación reduce la volatilidad.

Por estas razones recomendamos “comprar el mundo” y desde nuestro lanzamiento hace cuatro  años, hemos defendido por ejemplo, que las acciones de Estados Unidos debían tener un peso muy significativo en las carteras a pesar de que “habitualmente el S&P500 está en máximos”.

No obstante, tanto en nuestras carteras de fondos como en nuestras carteras de planes de pensiones, el peso que tienen las acciones de Estados Unidos es inferior al peso del 55% que tiene en la capitalización global. La razón es que la indexación global pura por capitalización tiene dos problemas. Por un lado, ignora la fiscalidad del inversor y por otro es vulnerable a posibles burbujas.

La indexación global pura ignora la fiscalidad del inversor

Este es el efecto más evidente de los dos. El mejor ejemplo es el de un inversor europeo que invierte en Estados Unidos. Sobre inversiones en acciones en Estados Unidos, los fondos de inversión no estadounidenses sufren una retención del 30% sobre los dividendos, y no pueden recuperar esta retención (se pierde un 30% de los dividendos). Por tanto, un inversor europeo en acciones de Estados Unidos tiene una menor rentabilidad esperada que un inversor estadounidense invirtiendo en acciones de Estados Unidos , por lo que el inversor europeo debería invertir menos en Estados Unidos que un inversor estadounidense (ya que el riesgo es el mismo para ambos). En el caso extremo de que se perdiera el 100% del dividendo entonces el inversor europeo no debería invertir en Estados Unidos.

Si aplicamos la indexación pura por capitalización no estamos teniendo en cuenta este efecto que tiene la discriminación fiscal. La razón por la que Estados Unidos pesa el 55% de los mercados globales es porque una gran parte de los inversores son estadounidenses. Si la mayoría de los inversores fueran europeos, el peso de Estados Unidos sería seguramente inferior (por el impacto de la fiscalidad).

La indexación global pura es vulnerable a burbujas

Este es un efecto más sujeto a interpretación ya que podría considerarse que implica cierta visión activa. En el pico de su burbuja de los años 80, el mercado Japonés llegó a pesar un 44% del índice MSCI World (mientras el peso medido por PIB era 4 veces inferior) y actualmente pesa algo menos de un 10% del MSCI World.  Por otro lado, el PER (Price to Earnings Ratio, o ratio del precio de las acciones dividido por los beneficios) en aquella época estuvo en el rango de 70x lo cual implica que se estuvo pagando los beneficios de 70 años para comprar empresas (o que tardarías 70 años en amortizar una compra con los beneficios actuales). Una valoración de PER de 70 veces para un mercado desarrollado es coyuntural y eventualmente volverá a bajar, bien porque aumentarán los beneficios, o bien porque caerán los precios de las acciones, o una mezcla de los dos.

Fuente: Schroders – MSCI

Por tanto, surge la duda de si no sería razonable marcar un mínimo de diversificación por zona geográfica para evitar estas desmesuras que el mercado tiene ocasionalmente. De forma similar, se podría plantear establecer un mínimo de diversificación por sector económico (consumo, petróleo, tecnología) para minimizar el impacto de burbujas como la del año 2001.

Matizando la indexación global pura

Por estas dos razones, consideramos que hay que matizar los pesos que propone la indexación global pura. Por un lado, hay que penalizar las regiones que te cobran más impuestos y por otro conviene establecer un mínimo de diversificación. Para calcular cuánto reducir el peso de las acciones de Estados Unidos en nuestras carteras, tenemos dos opciones:

  1. Se puede calcular qué parte del beneficio de las empresas perdemos por impuestos. Teniendo en cuenta que el porcentaje que se paga en dividendos en EEUU es aproximadamente un 35% y que se pierde un 30% de ese dividendo entonces se debería reducir un 10% el peso.
  2. O asumiendo que el valor de una acción es el flujo descontado de dividendos, entonces el peso debería ser un 30% menos.

No existe una forma obvia de cómo reducir el peso de Estados Unidos en nuestras carteras. En nuestras carteras de fondos de inversión, hemos limitado el peso de las acciones de Estados Unidos a 35% de la cartera total que incluye mínimo 21% de bonos, lo que equivale a un peso máximo de 44% del total de las acciones en la cartera (35% de 79% es igual a 44%). En cuanto a nuestro plan de pensiones de acciones (Indexa Más Rentabilidad Acciones PP), hemos limitado el peso de las acciones de Estados Unidos al 45% de este plan. En ambos casos el porcentaje máximo de acciones de Estados Unidos es similar, 44% o 45% de la renta variable de la cartera, y es inferior al peso actual de las acciones de Estados Unidos en la capitalización bursátil mundial, que es del 55% del MSCI All Countries (índice que aglutina las empresas de gran capitalización de países desarrollados y emergentes). Se trata de una reducción de 10 puntos porcentuales (45-55%) que equivale a una reducción de aproximadamente 18% del peso de las acciones de Estados Unidos (10/55 = 18%), a medio camino entre las dos opciones detalladas más arriba, de reducir un 10% o de reducir un 30%.

Conclusión

Los impuestos y las burbujas hacen que la indexación pura por capitalización no sea una opción perfecta y que necesite ser matizada. No existe una mejor forma de limitar el peso de las acciones de Estados Unidos, pero sin duda hay que limitarlo de alguna manera. En Indexa hemos decidido limitar el peso de las acciones de Estados Unidos a +- 45% de la inversión en acciones a nivel global, debajo del peso que le correspondería a Estados Unidos por la capitalización bursátil actual (55%), con el objetivo de mejorar la rentabilidad por riesgo de nuestras carteras para nuestros clientes.

El homo indexatus, invertir a largo plazo y los “cisnes negros”


Los gestores recomendamos invertir a largo plazo y en general también insistimos en la importancia de la diversificación. Acudimos a datos históricos de índices para mostrar como la rentabilidad de los mercados a largo plazo merece la pena. “A largo plazo la bolsa renta un x% así que siéntate, se paciente y deja que el capitalismo trabaje por ti”.

No obstante, si uno echa la vista atrás, la historia está repleta de eventos extremos e inesperados que cambiaron el tablero de la inversión en muchas geografías. Por ejemplo, el surgimiento del comunismo en China 1949 o la revolución soviética en Rusia en 1917 hicieron que los inversores en la bolsa China o Rusa perdieran todo el dinero invertido.

Estos eventos que cambian la estructura del mercado y que tienen un impacto extremo se han popularizado como “cisnes negros” por Nassim Nicolás Taleb. Es su libro “El Cisne Negro”, Taleb viene a decir que como lo realmente importante no es predecible no vale la pena perder el tiempo intentando predecir o medir la rentabilidad y riesgo de tu cartera: es un trabajo fútil.

Así que un inversor que se indexa con nosotros a largo plazo haría muy bien en preguntarse si, en caso de que ocurriera un cisne negro en el futuro, se cumplirían las expectativas de rentabilidad que tenemos o no.

Personalmente yo tenía la siguiente duda desde hace tiempo: ¿Cómo le hubiera ido a un inversor indexado al mundo desde 1900? Ya sabemos que el mercado americano ha ido fantásticamente bien. Pero alguien que hubiera estado invertido en todos los mercados proporcionalmente a su importancia desde 1900 y que se hubiera cruzado con todos los eventos del siglo XX y el comienzo del XXI, ¿hubiera ganado dinero o hubiera perdido dinero? A este inversor vamos a llamarle homo indexatus ya que claramente es una especie superior al homo sapiens por haber estado indexado al mundo en 1900 cuando estábamos en un mundo imperialista y cuando haber estado diversificado a nivel global era muy complicado.

Lamentablemente buscar datos tan antiguos es extremadamente difícil, especialmente para los mercados no desarrollados. Por suerte, recientemente nos ha llegado a través de nuestro asesor Luis M. Viceira el “Credit Suisse Global Investment Returns Yearbook 2019” realizado por Elroy Dimson y sus colaboradores Paul Marsh y Mike Staunton, que han realizado el enorme trabajo de recopilar esta información.

Vamos a utilizar los datos de este informe para comprobar hasta qué punto te hubieran afectado los cisnes negros del siglo pasado para comprobar si podemos estar un poco más tranquilos de cara al futuro de nuestras inversiones. Ya sé que por definición no vale de nada extrapolar los cisnes negros del pasado, porque los del futuro serán distintos, pero 119 años de historia, desde 1900 hasta ahora, son muchos años.

El mundo en 1899

El mundo en 1899 era totalmente diferente. Prácticamente nadie había conducido un coche, hablado por teléfono, utilizado luz eléctrica o visto una película. Por supuesto, no había ordenadores, ni internet, ni televisión, ni aviones, ni móviles. En aquella época el mundo estaba inmerso en una revolución industrial que dio lugar a la electricidad, las comunicaciones, la industria química o la del petróleo. El sector predominante entonces eran los ferrocarriles. En Reino Unido, las empresas relacionadas con el transporte ferroviario acaparaban casi el 50% de toda la capitalización, mientras que en Estados Unidos superaban el 60%. Por otro lado, los principales sectores de hoy en día (Tecnología, Salud o Petróleo) ni siquiera existían. Si un inversor de entonces apareciera en 2019, no sabría qué hacer.

En cuanto a la balanza de poder y riqueza global era totalmente distinta a la de hoy.  En 1899, los cinco mayores mercados de valores del mundo eran, Reino Unido (25%), Estados Unidos (15%), Alemania (13%), Francia (12%), Rusia (6%), Austria (5%) y Bélgica (4%).

El mundo en 2019

El mundo de 2019 es un mundo mucho más global, donde las grandes empresas venden en todo el mundo independientemente de su origen. La capitalización bursátil está muchísimo más centralizada en Estados Unidos (53%), seguidos de lejos por el resto de países: Japón (8%), Reino Unido (5%), China (3%), Francia (3%) y Alemania (3%).

Por tanto, el mercado de Estados Unidos es el que mayor crecimiento ha presentado en los últimos 120 años: en términos nominales ha rentado un 9,4% al año (equivalente a multiplicar por 44.663 la inversión), mientras que en términos reales (descontando la inflación) ha rentado un 6,4% anual (equivalente a multiplicar por 1.521 tu inversión). Así que está claro que invertir en el mercado de Estados Unidos en 1899 hubiera sido tremendamente exitoso.

Pero un homo indexatus no elige mercados concretos, porque es consciente de que no se puede saber qué economía va a destacar en el futuro. En aquella época, el mercado más prometedor hubiera parecido ser seguramente el Reino Unido, que sin embargo obtuvo una rentabilidad real menor a la de Estados Unidos (5,4% anual en el Reino Unido desde 1899 hasta 2018, vs. 6,4% en Estados Unidos).

La rentabilidad del homo indexatus desde 1899 hasta 2018

¿Cómo le hubiera ido al homo indexatus que hubiera invertido de acuerdo con el tamaño de las empresas (cuanto mayor fuera la capitalización de la empresa mayor inversión)? La respuesta es que hubiera obtenido una rentabilidad real de 5,0% anual (esto significa que hubiera aumentado un 5% su poder adquisitivo cada año). Y esta rentabilidad incluye haber sufrido todos los cisnes negros de los últimos 120 años. Incluye haber invertido en todos los mercados que desaparecieron, como Rusia que pesaba un 6% en 1899, el mercado japonés, que cayó un 85% en el año 1946 tras el bombardeo nuclear, y el mercado europeo cayó un 47% en la crisis crediticia de 2008.

En la siguiente gráfica y en la tabla correspondiente puedes encontrar un resumen tanto de las rentabilidades reales como de la volatilidad anual de diferentes países y del mundo en el período 1899-2018:

1899-2018 Rentabilidad real anual
(descontando la inflación)
Volatilidad
(riesgo)
Ratio de Sharpe
(rentabilidad / riesgo)
Estados Unidos 6,4% 19,9% 0,32*
Mundo 5,0% 17,4% 0,29
Reino Unido 5,4% 19,7% 0,27
Suiza 4,4% 19,4% 0,23
Europa 4,2% 19,8% 0,21
Japón 4,1% 29,3% 0,14

* Fe de errata 15/11/2019: en una versión anterior, EEUU parecía por error con un ratio de Sharpe de 0,23 en lugar del dato correcto de 0,32. Lamentamos el fallo y pedimos disculpas por la confusión que hemos podido ocasionar.

Lo más reseñable de este cuadro es algo que un homo indexatus conoce bien: diversificar paga. El segundo ratio de Sharpe más alto (que mide la rentabilidad por riesgo) lo encontramos al invertir en el mundo. Podrías haber tenido un ratio de Sharpe mayor invirtiendo en Estados Unidos pero para ello habría que haber tenido la suerte de elegir este mercado para concentrar tu inversión desde 1900. En todos los demás mercados comparados (Reino Unido, Suiza, Europa y Japón) el ratio de Sharpe ha sido menor que la rentabilidad por riesgo del mundo.

Por otro lado, es conveniente destacar que el ratio de Sharpe que ofrecen a largo plazo lo mercados está en torno a 0,25%, mientras que en el último informe de rentabilidad de Indexa, veíamos que el ratio de Sharpe de nuestras diferentes carteras desde el lanzamiento hasta el 30/06/2019, se encontraba en el rango 0,76-1,10 muy por encima de la media de los últimos 120 años. Esto implica que muy posiblemente en el futuro veamos un aumento de la volatilidad o una disminución de la rentabilidad o los dos simultáneamente.

Conclusión

En este artículo hemos utilizado los datos del colosal estudio “Credit Suisse Global Investment Returns Yearbook 2019” para mostrar que haber comprado el mundo en el año 1899 hubiera sido una magnífica decisión de inversión. De hecho, hemos mostrado que, corregida por riesgo, invertir en una cartera global habría sido una mejor opción que invertir individualmente en las bolsas nacionales, salvo si hubieras tenido la suerte de elegir la que ha resultado ser la más exitosa en este periodo (Estados Unidos).

Por tanto, en base a 120 años de historia, la estrategia de “comprar el mundo” sigue mostrándose como una estrategia ganadora (haciendo notar como siempre que rentabilidades pasadas no aseguran ni predicen rentabilidades futuras).

¿Quieres firmar un contrato contigo mismo?


En el artículo que escribimos en agosto titulado “Sesgos cognitivos e indexación” hicimos una revisión de los principales sesgos cognitivos que tienen los inversores y cómo intentamos desde Indexa reducirlos en la medida de lo posible.

Una de las principales preocupaciones que destacábamos, es el dolor que generan las pérdidas en nuestros clientes, especialmente en aquellos que no son totalmente conscientes de los vaivenes del mercado y no saben poner en contexto los movimientos de corto plazo. Tener dinero es una buena noticia y no debería ser algo por lo que perder el sueño o sentir malestar.

Para reducir este “dolor”, y hacer a los clientes más conscientes de que las inversiones suben o bajan de precio en el corto plazo, hemos decidido ofrecer a nuestros clientes la posibilidad de firmar un contrato consigo mismo, un compromiso libre entre su yo actual y su yo futuro. Por ejemplo, el compromiso podría ser algo como:

“Estimado Ramón, ya sabes que la bolsa puede caer un 25%. No te asustes, no seas gallina ni ratón.
El Ramón de octubre de 2019”.

El propósito de este contrato con uno mismo es, por un lado, poder mostrar este mensaje escrito al cliente cuando solicite una retirada tras las caídas, para que recuerde su promesa y para que piense una segunda vez si está actuando llevado por el miedo y el malestar de las pérdidas y, por otro lado, generar una pequeña reflexión en los inversores sobre el hecho de que invertir supone ver eventualmente pérdidas en tu cartera.

Para concretar, a todos los clientes que llevan más de un mes invirtiendo con Indexa, les haremos una vez la siguiente pregunta (sólo aparecerá una vez): “¿Quieres firmar un contrato contigo mismo?”

Hemos preferido que cada uno escriba su compromiso con sus propias palabras. No obstante, mostramos un ejemplo de posible compromiso:

“Sé que mi cartera caerá en algún momento un -11,5% y esto no me quitará el sueño. Es más, después de caídas no rebajaré mi perfil inversor ni retiraré el dinero, salvo que lo necesite.”

El importe que aparece, de -11,5% en este caso, es la pérdida máxima esperada al 97,5% de confianza en el plazo de un año para una cartera de fondos de más de 10 mil euros con un perfil inversor de 6 /10 (es la pérdida anual que podría ocurrir una vez cada 40 años), así que es un dato real que permite anclar sus expectativas de pérdidas.

Una vez haya escrito el compromiso, generaremos un documento “Contrato conmigo mismo.pdf” con formato legal pero sin implicaciones legales:

Al margen de darle un toque distendido al compromiso, el objetivo final es que este pequeño proceso sea recordado por el cliente. Una vez firmado el contrato, enviamos el contrato al cliente por correo electrónico, y guardamos una copia en la sección “Documentos” de su zona privada en Indexa. También se lo mostraremos en caso de solicitar una retirada tras caídas.

Seguramente Indexa es la primera entidad que haya implementado este mecanismo en España para ayudar a sus clientes a tomar mejores decisiones. Más adelante, con datos, veremos si este contrato ha contribuido a evitar que las entradas o salidas de dinero estén correlacionadas con la rentabilidad de las carteras. Esto reduciría el coste que supone la “diferencia por comportamiento” que de media sufren los clientes por comprar o vender a destiempo sus inversiones y mejoraría su rentabilidad. Nuestras carteras ya tienen una rentabilidad / riesgo significativamente mejor que la de los fondos españoles, pero además queremos que la rentabilidad de los clientes con esas carteras sea la más alta posible, así que seguiremos desarrollando iniciativas que contribuyan a maximizar la rentabilidad por riesgo de cada cliente.

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El swing price y cómo beneficia a nuestros clientes


En el artículo “Sobre los costes de transacción en los fondos de inversión y ETF’s” hablamos de los distintos costes de transacción que existen cuando se suscriben fondos o ETFs. Existen cuatro tipos de coste de transacción que se pueden aplicar en un fondo de inversión:

  • Coste explícito,
  • Swing price,
  • Bid-Offer, y
  • Redondeos de participaciones.

En este artículo vamos a revisar en detalle el Swing price (que podríamos llamar “precio oscilante” en español) ya que se está convirtiendo de hecho en un estándar y está actualmente aplicado en los fondos de Vanguard que utilizamos en nuestras carteras.

Comisiones de suscripciones y de reembolso

En la raíz del Swing Price está el problema del coste que generan las nuevas aportaciones y reembolsos en un fondo de inversión para todos los partícipes del fondo y no sólo para los que entran o salen del fondo. Cuando hay entradas netas en un fondo, el fondo compra más activos (ej. acciones o bonos) y soporta unos costes de transacción que acaban soportados por todos los partícipes del fondo. Cuando hay salidas netas pasa lo mismo: el fondo vende activos y soporta costes de transacción que reducen el valor liquidativo del fondo para todos los partícipes.

El partícipe que mantiene su posición, ni suscribe ni reembolsa, tiene que soportar injustamente el coste de los partícipes que entran y salen.

Por ello se crearon las comisiones de suscripción y de reembolso que tenían el objetivo de repercutir el coste de las nuevas transacciones a los partícipes que suscribían o reembolsaban participaciones. Estas comisiones se quedaban en el fondo (no las cobraba la gestora) y evitaban que las nuevas entradas y salidas tuvieran un impacto negativo en los demás partícipes del fondo. De hecho, los partícipes actuales del fondo se beneficiaban de ellas.

Sin embargo, presentaban un nuevo problema: en caso de aportaciones netas positivas en un día, los reembolsos de participaciones no generaban ningún coste (porque estaban compensados por las aportaciones del día) pero sí sufrían unas comisiones de reembolso de todos modos. Pasaba lo mismo con las nuevas suscripciones que sufrían una comisión de suscripción, aunque este día hubiera habido más reembolso que suscripciones. De esta manera se estaba cobrando injustamente una comisión de reembolso a los vendedores los días de aportaciones netas positivas o injustamente una comisión de suscripción a los compradores en los días de reembolso neto en el fondo.

Por ello se inventó el Swing Price, para repercutir el coste de comprar o vender los activos a los compradores en caso de día con más suscripciones que reembolsos, o a los que reembolsan en caso de día con más reembolsos que suscripciones.

Cómo funciona el Swing Price

El Swing price funciona ajustando el precio de todas las ofertas (suscripciones y reembolsos) en un día dado, hacia arriba o hacia abajo de acuerdo con el flujo de entrada o salida neto en el fondo este día, para evitar perjudicar a los inversores existentes (dilución). El proceso para aplicarlo es el siguiente:

  1. Se calcula el patrimonio del fondo, que es la suma de todas las inversiones del mismo.
  2. Al dividir esto por el número de participaciones existentes se obtiene el valor liquidativo (el precio de una participación del fondo).
  3. A continuación, se evalúan los flujos de entrada (suscripciones) y salida (reembolsos) en el fondo. Si hay más compras que ventas, el fondo tiene una entrada neta y se modifica el valor liquidativo hacia arriba por un “swing factor” predeterminado (ver debajo tabla con ejemplos de swing factors).
  4. Si hay más ventas que compras, el fondo tiene salidas netas y se modifica el precio a la baja por otro “swing factor” (en general diferente al utilizado en el punto anterior).

Es importante tener en cuenta que todos los inversores pagan el mismo precio en un día determinado, ya sea que estén comprando o vendiendo. Este precio será el valor real de las inversiones (si no hay entradas o salidas netas) o un precio que se haya elevado (si el fondo tiene entradas netas) o bajado (si el fondo tiene salidas netas). Esto significa que aquellos inversores que suelan operar al contrario que el mercado, se beneficiarán de este coste de transacción y los que suelan invertir con el mercado, lo sufrirán.

Debido a la forma en que funciona el Swing price, el precio publicado difiere del valor real del fondo (que refleja el valor del índice que siguen los fondos menos los costes) y por lo tanto se incrementa ligeramente la diferencia con el índice replicado (el “tracking error”) para los fondos que utilizan el método del Swing price. Puede haber pequeñas diferencias en la rentabilidad diaria del fondo con la de los índices.

Ejemplo

A continuación, mostramos un ejemplo elaborado por Vanguard para ayudar a entender cómo funciona el Swing price. Hay dos escenarios, cada uno con tres transacciones en el fondo Vanguard Emerging Markets Stock Index Fund, que tiene un valor liquidativo de 10€ y un “swing factor” de compra de 0,13% y de 0,47% de venta.

Ejemplo swing price Vanguard

En el escenario A, el fondo tiene entradas por un total de 150 millones de euros y salidas por un total de 70 millones de euros, lo que resulta en una entrada neta de 80 millones de euros. En este escenario, se eleva el precio del fondo hacia arriba en 13 puntos básicos (0,13%) y por tanto el valor liquidativo será 10,13€ por participación.

En el escenario B, el fondo tiene entradas de 100 millones de euros y salidas de 150 milones de euros, lo que resulta en una salida neta de 50 millones de euros. En este escenario, se baja el precio del fondo en 47 puntos básicos (0,47%) y por tanto el valor liquidativo será 9,53€ por participación.

Ilustración Swing factor Vanguard Emerging Markets

Swing factors de los fondos de nuestras carteras

Debajo mostramos una tabla con los “Swing factors” de los fondos de Vanguard que utilizamos en nuestras carteras actualmente. Como se puede observar el coste de comprar o vender es diferente en general ya que, por ejemplo, en algunos lugares cuando se venden acciones se pagan impuestos, pero cuando se compran no (como por ejemplo en el fondo de Mercados Emergentes, el primero en la tabla abajo). O en el caso de los bonos, actualmente hay muchísima demanda de bonos y hay que pagar un sobreprecio para comprarlos, pero no para venderlos.

Swing factor (en puntos básicos, o centésimas de %) Compra Venta
Vanguard Emerging Markets Stock Index Fund 13 47
Vanguard Pacific ex-Japan Stock Index Fund 6 6
Vanguard Global Stock Index Fund 5 1
Vanguard Japan Stock Index Fund 2 2
Vanguard U.S. 500 Stock Index Fund 0 0
Vanguard Eurozone Inflation-Linked Bond Index Fund 12 0
Vanguard Euro Government Bond Index Fund 10 0
Vanguard Global Bond Index Fund 16 0
Vanguard Euro Investment Grade Bond Index Fund 26 0

Cómo el Swing price beneficia a nuestros clientes

El Swing factor es un coste que se cobra a los inversores que operan más y/o que operan a la vez que el mercado (vendiendo cuando la mayoría vende y comprando cuando la mayoría compra) en beneficio de los inversores que permanecen el fondo o que operan en contra del mercado. Se trata de un mecanismo beneficioso para nuestro modelo de gestión, y para nuestros clientes, por varias razones:

  • Invertimos a largo plazo y modificamos poco la composición de nuestras carteras
  • Intentamos ayudar a nuestros clientes a no vender en momento de caídas y de salidas masivas de los fondos, y de no comprar más después de subidas en momentos de entradas masivas en los fondos
  • Nuestros reajustes automáticos de carteras van por naturaleza en contra del mercado porque compran los fondos que más han caído y venden los que más han subido.

Terminología

Dilución: jerga de la industria para la situación en la que los inversores existentes en un fondo asumen los costes de transacción asociados a que otros compren o vendan participaciones en el fondo.

Swing factor (factor de oscilación): la cantidad, en puntos básicos, por la cual el precio de un fondo aumenta o disminuye. Estos están predeterminados de antemano y se aplican consistentemente, aunque varían periódicamente. Ver tabla anterior para ver los factores de oscilación de los fondos de Vanguard que utilizamos en Indexa.

Swing price total (precio oscilante completo): con este método, el administrador del fondo cambia el precio cada vez que hay flujos netos de entrada o salida de un fondo.

Swing price parcial (precio oscilante parcial): con este método, el administrador del fondo solo cambia el precio cuando los flujos netos superan un umbral previamente acordado. Inicialmente, en octubre de 2017 cuando Vanguard pasó al sistema de Swing price, adoptaron el Swing price total, pero desde mayo de 2019 han pasado a un sistema parcial. De esta forma es necesario que las entradas o salidas superen un límite para aplicar el Swing price.

Entradas netas, salidas netas: son los flujos de efectivo de entrada y salida en un fondo. Esta es la métrica clave que determina la forma en que el precio aumenta o disminuye.

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