El efecto de la inflación en nuestras carteras indexadas

Como está habiendo ruido informativo acerca de un posible futuro aumento de la inflación, varios clientes nos han preguntado sobre el efecto que tendría la «más que previsible» (en palabras de un cliente) inflación en las carteras y qué medidas estamos tomando en Indexa al respecto. En la construcción de las carteras actuales ya hemos tenido en cuenta el efecto de la inflación y en este artículo os vamos a explicar cómo se ha tenido en cuenta.

Inflación y expectativa de inflación

Antes de nada, me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre la diferencia entre la inflación y la expectativa de inflación. La inflación es un dato observable que publican los servicios de estadística de cada país, mientras que la expectativa de inflación refleja la inflación que los inversores esperan que haya en el futuro. Esta expectativa no es observable y hay que estimarla de manera indirecta. Las expectativas de inflación son las que afectan a los precios de los activos y varían mucho más que el dato real de inflación.

A medida que la pandemia de la COVID-19 va quedando atrás, las expectativas de inflación han ido aumentado sobre la base de que la recuperación económica y los estímulos monetarios van a generar inflación en el futuro. Por ejemplo, las expectativas de inflación europea que recogen los swaps de inflación a 5 años dentro de 5 años ahora son del 1,6% y al principio del año era un 1,3%. Los swaps de inflación son productos derivados que operan grandes inversores institucionales.

Este aumento de las expectativas, implica que es probable que por lo menos parcialmente el efecto de esta futura inflación ya esté recogido en el precio actual de las acciones y de los bonos por el mercado. Por tanto, el hecho de que a futuro la inflación aumente podría no tener efecto futuro porque esta expectativa podría estar ya recogida en los precios actuales. Lo que sí tendrá efecto es si las expectativas de inflación aumentasen sobre las expectativas actuales.

Esto es muy importante: las expectativas pueden aumentar, pero también podrían reducirse. Nadie sabe lo que harán las expectativas en el futuro, si aumentar o bajar. Hay muchas razones para esperar que la inflación suba mucho en el futuro (recuperación, estímulos monetarios) pero también hay muchas razones para lo contrario (digitalización, servicios deflacionarios como por ejemplo nuestros servicios cuyos precios bajan año tras año). La mejor estimación que podemos hacer para la inflación futura es la actual expectativa de inflación.

El efecto de las expectativas de inflación en las diferentes clases de activo

Las expectativas de inflación afectan de diferente manera a las acciones, a los bonos nominales y a los bonos ligados a la inflación. A los activos que protegen contra la inflación se les suele llamar «activos reales» y a los que no protegen contra la inflación «activos nominales».

El precio de las acciones tiende a incorporar los incrementos de inflación moderados a altos. La razón es que el precio de la acción de una empresa está correlacionado con el valor de las ventas y el precio de los bienes y servicios que venden las empresas, que también suben con la inflación. Como ejemplo, en lo que llevamos de 2021 hasta el 3 de junio, a pesar del incremento de las expectativas de inflación del 1,3% al 1,6%, las acciones europeas han subido un +14,8%. En el caso de hiperinflación (inflación muy alta), las acciones se verían afectadas negativamente por la crisis económica que habitualmente suele provocar un episodio de hiperinflación. No obstante, es muy poco habitual que aparezca hiperinflación en las economías diversificadas, desarrolladas y grandes como la zona euro o Estados Unidos.

Los bonos nominales se ven afectados negativamente por el incremento de las expectativas de inflación. La razón es que normalmente cuando las expectativas de inflación aumentan, el mercado espera que en el futuro el banco central correspondiente aumente los tipos de interés lo que incrementa el tipo de interés a largo plazo de los bonos. Y un aumento de tipos de interés conlleva una caída del precio de los bonos actuales porque tienen un tipo de interés más bajo que los nuevos bonos que se emitirán. Como ejemplo, en el 2021 el fondo de bonos gubernamentales europeos Vanguard Euro Government Bond Index Fund Institutional Plus EUR Acc, que incluimos en algunas de nuestras carteras, lleva una caída del -3,3%.

Los bonos ligados a la inflación se ven parcialmente afectados por la expectativa de inflación. Por el lado positivo, como el nominal del bono se incrementa con la inflación esta parte protege. Por el lado negativo, al tratarse de un bono, aplica lo comentado en el párrafo anterior sobre el aumento de los tipos de interés a largo plazo y la caída del precio de los bonos. En el año 2021, el efecto combinado está siendo positivo con una subida del +1,3% para el fondo de bonos ligados a la inflación Vanguard Eurozone Inflation-Linked Bond Index Fund Institutional Plus EUR Acc, que está incluido en todas nuestras carteras de más de 10 mil euros.

El efecto de las expectativas de inflación en una cartera diversificada

Como hemos observado, las clases de activo tienen un comportamiento diferente frente a las expectativas de inflación. Las carteras de Indexa se construyen utilizando diferentes clases de activo para diversificar las fuentes de rentabilidad y de riesgo, entre los que se encuentra la inflación.

La única forma de eliminar el riesgo de inflación (al alza y a la baja, recordemos) es tener una cartera compuesta 100% por activos reales, que en nuestro caso serían acciones. Una cartera 100% acciones supone asumir mucho riesgo y desaprovechar la diversificación que aportan los bonos. Las otras alternativas para reducir el riesgo de inflación como los bonos a corto plazo o el efectivo tienen sus problemas. Los bonos a corto plazo tienen una rentabilidad esperada más negativa que los bonos a largo y con el efectivo se asume un riesgo de crédito muy concentrado.

Nuestra recomendación ante la situación actual

Una vez más nuestra recomendación es no responder a movimientos de mercado (en este caso el aumento de las expectativas de inflación) ni al ruido mediático, y mantener las carteras actuales que están concebidas y optimizadas para el largo plazo.

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Replica física vs. réplica sintética

En el artículo Réplica física, por muestreo o sintética (fondos indexados y ETFs) explicamos las diferencias en los fondos indexados de réplica física (tienen las acciones o bonos que conforman el índice) con los de réplica sintética (el fondo indexado firma un contrato derivado o total return swap con un banco que se compromete a pagar al fondo la rentabilidad del índice a cambio de una comisión).

Si uno accede a las posiciones de un fondo indexado de réplica sintética, habitualmente observará que la cartera de acciones o bonos no tiene nada que ver con el índice que se quiere replicar. A esta cartera alternativa se le llamada «cesta de referencia» y el derivado que se firma intercambia la rentabilidad de esta cesta por la rentabilidad del índice que se busca replicar. En este caso estaríamos hablando de un swap unfunded.

Otras veces veremos que directamente sólo hay una posición en un instrumento derivado llamado Fully funded swap o algo similar. En este caso, en el balance del fondo indexado no habrá acciones ni bonos, pero lo que si existirá es una cartera colateral (Collateral pool) a la que el fondo tiene recurso en caso de impago del derivado, pero de la que es muy difícil obtener información.

Por otro lado, en el caso de la réplica física, si miramos las posiciones del fondo, veremos o bien todas las acciones o bonos que conforman el índice (réplica física o completa) o la mayoría de las posiciones (réplica por muestreo).

Ventajas y desventajas de los fondos de réplica sintética

Las principales ventajas de los fondos de réplica sintética son:

  1. En general menor volatilidad: tienden a seguir el índice que replican con menos volatilidad que los fondos de réplica física, especialmente en el caso de inversiones más ilíquidas como los mercados emergentes o las empresas de pequeña capitalización.
  2. Posible mejor fiscalidad: en algunos casos, como la inversión en acciones de Estados Unidos, permiten evitar la retención del dividendo del 30% que sufren los fondos indexados de réplica física (15% en el caso de ETFs).

Las principales desventajas de los fondos de réplica sintética son:

  1. Menor transparencia: la transparencia del origen de la rentabilidad y de los costes en los fondos de réplica sintética es mucho menor que la de los fondos de réplica física.
  2. En general, menor rentabilidad: en los casos donde no hay mejor fiscalidad para la réplica sintética, la rentabilidad acaba siendo menor que el fondo de réplica física comparable (fuente: Vanguard, estudio práctico para ETFs que siguen el índice MSCI Emerging Markets, An overview of physical and synthetic ETF structures, diciembre 2020).
  3. El riesgo de crédito asumido es elevado.

En Indexa preferimos evitar el uso de los fondos de réplica sintética porque pensamos que sus ventajas no compensan el elevado riesgo de crédito que se asume. Sin embargo, como vimos en el artículo El préstamo de títulos en los fondos indexados, los fondos de réplica física también asumen cierto riesgo de crédito, aunque mucho más limitado (de media sobre el 1,5% en el caso de los fondos de acciones de Vanguard).

A partir de allí, uno se podría preguntar: ¿Por qué rechazamos el riesgo de crédito del derivado de los fondos de réplica sintética pero aceptamos el riesgo de crédito del programa de préstamo de títulos de los fondos de réplica física?

La respuesta es el tamaño del riesgo de crédito. Como vimos en el artículo El préstamo de títulos en los fondos indexados, el porcentaje de títulos prestado por los fondos de Vanguard en los años 2018 a 2020 ha sido de tan sólo un 1,5%, mientras que el derivado que se firma en los fondos de réplica sintética expone el 100% del fondo. A pesar de todos los mecanismos de mitigación de riesgo que se establecen incluso por regulación, en nuestra opinión es un riesgo que es mejor evitar cuando se pueda.

Si observamos la cantidad de dinero invertido en ETFs en función del tipo de réplica comprobamos que los inversores opinan de forma similar a nosotros. En Estados Unidos, el porcentaje de ETFs de réplica física es superior al 99% y en Europa es superior al 85%:

Conclusión

El riesgo de crédito de los derivados que forman parte de los fondos indexados de réplica sintética es sustancialmente superior al riesgo de crédito asumido por el préstamo de títulos que realizan los fondos indexados. En nuestra opinión, en la medida de lo posible, conviene evitar los fondos de réplica sintética.

El préstamo de títulos en los fondos indexados

Los fondos de inversión, especialmente los fondos de inversión indexados de réplica física, prestan algunos de los títulos que tienen en su cartera (acciones o bonos) a otras entidades a cambio de un interés. Lo hacen para incrementar la rentabilidad del fondo, cubrir una parte de los costes del fondo y de esta manera acercar la rentabilidad del fondo lo máximo posible a la rentabilidad del índice. El interés del préstamo de títulos será mayor cuánto más difícil sea encontrar la acción o el bono concreto.

A veces, la gestora del fondo se queda total o parcialmente con el interés del préstamo de títulos, para incrementar sus ingresos. En el caso de los fondos de Vanguard, que utilizamos en nuestras carteras, es el fondo indexado que recibe todo el ingreso por préstamos, en beneficio de sus partícipes (los clientes).

En el artículo Cuando el TER es inferior a los gastos corrientes describíamos que el principal motivo por el que se prestan títulos (acciones o bonos) es para que otros inversores puedan vender en ese momento, al mercado, el título con la esperanza de poder recomprarlos más tarde a un precio menor y devolver el préstamo con plusvalías. Se suele decir que este tipo de inversores «están cortos» en la acción o bono concreto.

En el caso específico de los fondos indexados de acciones que utilizamos en Indexa, los préstamos de títulos han supuesto de media 0,019% de rentabilidad anual en los últimos 3 años (fuente: Vanguard, 2018-2020).

Fondo Aumento de rentabilidad anual
últimos 3 años
Vanguard Japan Stk Idx Eur -Ins Plus 0,034%
Vanguard Emrg Mk Stk Idx Eur -Ins Plus 0,031%
Vanguard European Stk Idx Eur -Ins Plus 0,022%
Vanguard Global Stk Idx Eur -Ins Plus 0,016%
Vanguard Pacific Ex-Japan Stk Idx Eur -Ins Plus 0,009%
Vanguard US 500 Stk Idx Eur -Ins Plus 0,001%
Media 0,019%

Fuente: Vanguard 2018-2020.

Igual que en cualquier otra fuente de ingresos, este interés va acompañado de un riesgo. En este artículo vamos a analizar con detalle qué riesgo se asume, cómo de grande es este riesgo y qué mecanismos se utilizan para mitigar el riesgo.

Prestar títulos conlleva un riesgo de crédito (impago)

El proceso de préstamo de títulos es relativamente sencillo: el fondo indexado transfiere temporalmente la propiedad del título a cambio de un interés por un tiempo prefijado. Como en todo préstamo, existe el riesgo de que el prestamista, que normalmente es un banco de inversión, quiebre durante la duración del préstamo y no devuelva el título prestado al fondo indexado. A este tipo de riesgo se le denomina riesgo de crédito. Esto implicaría que si se ha prestado un 1% del fondo a un banco que ha quebrado, el día de la quiebra el fondo caería un 1% aproximadamente. Si el fondo ha prestado un 10%, entonces caería un 10% aproximadamente.

¿Cómo de grande es el riesgo de impago?

El riesgo de impago dependerá de cómo de expuesto ha estado el fondo a la actividad de préstamo. Un fondo que presta el 100% de sus títulos corre un riesgo muy superior al que presta un 1% de sus títulos. En el caso de los fondos de Vanguard el porcentaje prestado promedio en los últimos tres años ha sido de tan sólo un 1,5%:

Fondo Porcentaje del fondo prestado
últimos 3 años
Vanguard Japan Stk Idx Eur -Ins Plus 4,5%
Vanguard European Stk Idx Eur -Ins Plus 1,8%
Vanguard Global Stk Idx Eur -Ins Plus 1,1%
Vanguard Emrg Mk Stk Idx Eur -Ins Plus 1,0%
Vanguard Pacific Ex-Japan Stk Idx Eur -Ins Plus 0,4%
Vanguard US 500 Stk Idx Eur -Ins Plus 0,1%
Media 1,5%

Fuente: Vanguard 2018-2020.

¿Cómo se mitiga el riesgo de impago?

Hay dos mecanismos principales para la mitigación del riesgo de impago.

El primero trata de elegir muchas y buenas contrapartes (diversificación) a las que prestar. Si prestamos a bancos con elevada calidad crediticia y además repartimos el préstamo entre varios de ellos, entonces el riesgo de impago se reduce significativamente.

El segundo mecanismo para mitigar el riesgo es solicitar una prenda o colateral en el préstamo. De esta forma si el banco quiebra, me puedo quedar con el colateral lo que mitigará la pérdida del fondo indexado. El tipo de colateral y el importe que se acepta también es muy importante, ya que no es lo mismo que para un préstamo de 1M€ pongan como colateral 1M€ de otras acciones que 1,1M€ de euros de bonos del gobierno alemán. En caso de impago, el valor de las acciones podría haber caído muy por debajo del importe prestado mientras que en el caso del bono alemán la recuperación será más segura.

En el caso de Vanguard, los fondos piden como colateral siempre un 105% del importe prestado en bonos de estados de elevada calidad crediticia (Alemania o Estados Unidos, por ejemplo).

Conclusión

El préstamo de títulos que realizan los fondos indexados de réplica física aporta algo de rentabilidad adicional con un riesgo de crédito muy controlado. Es muy importante asegurarte de que el beneficio del préstamo lo recibe el fondo y no se queda en la gestora ya que el riesgo de impago sí que lo soporta el fondo. Por último, es muy importante también conocer en detalle las medidas adoptadas por la gestora para mitigar el riesgo de crédito.´

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Impacto del contrato contigo mismo

Hace ahora un año ofrecíamos a nuestros clientes la posibilidad de firmar un contrato consigo mismo. Este contrato es un compromiso libre entre el yo actual y el yo futuro de un cliente con el objetivo de paliar “el dolor” que generan las pérdidas, especialmente en aquellos clientes que no son totalmente conscientes de los vaivenes del mercado y no saben todavía poner en contexto los movimientos a corto plazo. A modo de ilustración, un cliente incluyó en su contrato consigo mismo el siguiente compromiso:

“Tras una fuerte caída me veré tentado a sacar mi dinero, pero no debo sacarlo y esperar a una nueva recuperación. Solo retiraré mi dinero si realmente lo necesito.”

La idea de este contrato con uno mismo es poder mostrar un mensaje de tranquilidad escrito por el propio cliente cuando solicite una retirada tras las caídas, para que recuerde su promesa y  piense una segunda vez si está actuando llevado por el miedo y el malestar de las pérdidas. El contrato busca también generar una pequeña reflexión en los inversores sobre el hecho de que invertir supone ver eventualmente pérdidas en tu cartera.

Tras un año especialmente turbulento en el que la tentación de vender para algunos clientes ha sido muy importante, llevados por el miedo durante lo peor de la crisis bursátil provocada por la COVID-19, podemos hacer recuento y revisar si efectivamente este contrato con uno mismo ha tenido efecto en el comportamiento de los clientes que lo han firmado.

La respuesta rápida es que sí ha tenido un impacto importante. Hemos calculado el porcentaje de clientes que han solicitado alguna retirada en los últimos 12 meses diferenciando entre los que han firmado el contrato y los que no. El resultado es el siguiente:

Del total de 23.417 clientes con cartera de fondos de inversión, un 11,6% han solicitado alguna retirada en los 12 últimos meses, entre el 19/10/2019 y el 19/10/2020.

De ellos, 702 han firmado un contrato consigo mismo, para intentar evitar ceder a la presión de vender en caso de caídas. De estos clientes con contrato consigo mismos, un 8,7% han solicitado alguna retirada en los últimos 12 meses.

Con ello, podemos observar que los clientes con el contrato consigo mismos, han retirado un 25% menos que los clientes en general (8,7 vs. 11,6).

Todos los clientes

Clientes con contrato consigo mismo

Clientes que han solicitado una o varias retiradas

2.726

61

Clientes con carteras de fondos

23.417

702

Porcentaje de titulares principales que han solicitado una retirada

11,6%

8,7%

Por tanto, es probable que las personas que firmaron un contrato consigo mismas tengan mayor capacidad de aguantar las pérdidas y no retirar que aquellos que no han firmado. Nada nos asegura que exista causalidad en esta relación, pero pensamos que la existencia del contrato es un factor que ayuda a reducir la “diferencia por comportamiento”.

Por esta razón queremos recordar que aquellos que no lo hayan hecho aún, pueden firmar el contrato accediendo a su Configuración de usuario > Contrato conmigo mismo. Quienes lo hayan firmado pueden consultar en esa misma sección lo que escribieron.

Como fuente de inspiración para los que vayan a firmar el contrato ahora, os mostramos algunas de las promesas que más nos han gustado:

“Estoy seguro de que los ahorros de mis hijos caerán un 25% o más en los próximos años y que aun así no voy a dejar de invertir. Inviertes por el desarrollo mundial.”

“Querido futuro yo: me comprometo a mantener la templanza en las caídas de mercado, es más, tomaré estos eventos cíclicos como oportunidad para realizar aportaciones de aún mayor valor.”

“Esto es una carrera de fondo. Keep investing!”

“Sé que mi cartera caerá en algún momento. Mi hermano pequeño me pidió que las inversiones no me quitaran el sueño.”

“Es una inversión a largo plazo. A largo plazo la bolsa siempre da beneficios. Por lo tanto, es un dinero que no necesito. Pase lo que pase, este será un dinero más que rentabilizado para 2050 (si sigo vivo).”

“Sé fuerte. Remontará.”

“Estoy viendo que la bolsa está a punto de caer, al menos un 10-12%. Cuando eso suceda, esto no me quitará el sueño. No rebajaré mi perfil de inversor ni retiraré mi dinero. Aguantaré como una estoica el temporal y seguiré metiendo dinero.”

“¡NO VENDAS INSENSATO! ¡AGUANTA!”

«Time is your friend; impulse is your enemy. John C. Bogle. «The historical data support one conclusion with unusual force: To invest with success, you must be a long-term investor.» John C. Bogle. «We don’t have to be smarter than the rest. We have to be more disciplined than the rest.». Warren Buffett. «Much success can be attributed to inactivity. Most investors cannot resist the temptation to constantly buy and sell.» Warren Buffett. «Far more money has been lost by investors preparing for corrections, or trying to anticipate corrections, than has been lost in corrections themselves.» Peter Lynch.”

Suerte o talento II

Hay una pregunta que a medida que pasan los años cada vez me interesa más. Se trata de la importancia de la suerte en nuestro día a día y en varios ámbitos como el éxito profesional o el éxito inversor. Este verano, he podido dedicar parte del tiempo a leer y pensar sobre el asunto. En particular he leído el libro “The Success Equation: untangling Skill and lick in business, sports, and investing” de Michael J. Mauboussin y escuché el podcast Kenneth French: “Expect the unexpected”.

El libro de Mauboussin se hace muchas y muy interesantes preguntas. Por un lado, analiza cómo de importante es la suerte y el talento en varios deportes, en los negocios y en la inversión. Está claro que ciertas actividades conllevan una proporción de suerte superior a otras, pero, ¿se puede medir esta diferencia? ¿Hay aprendizajes accionables al conocer estas diferencias? Recomiendo la lectura a todo aquel interesado en el tema, especialmente si le interesan los deportes y las apuestas deportivas.

El podcast de French está mucho más centrado en las finanzas. Muchos de los artículos académicos clásicos de las finanzas han sido escritos por Eugene Fama junto con Kenneth French. De hecho, en noviembre de 2018, escribí una entrada en este blog titulada “Suerte o talento” en el que desgranaba un artículo escrito por esos autores sobre el tema. Los 60 minutos que dura el podcast son un buen resumen de la visión del autor sobre la importancia de la suerte en las inversiones.

En este artículo quiero compartir con vosotros algunas conclusiones que me he apuntado tras reflexionar sobre el tema.

La inversión es uno de los ámbitos donde la suerte es más importante

Uno de los objetivos del libro de Mauboussin es intentar ordenar diferentes actividades en función de lo más o menos importante que es la suerte. El resultado al que llega es el siguiente:

En el lado izquierdo aparecen las actividades de pura suerte como la ruleta o las máquinas tragaperras y la siguiente es la inversión. En el lado derecho aparecen las actividades de puro talento como el ajedrez o el baloncesto.

Una de las pruebas del algodón para ver si en una actividad la suerte es lo más importante, es analizar si te puedes dejar ganar con seguridad. Por ejemplo, está claro que en la ruleta no puedes perder a posta, pero en el ajedrez o en el baloncesto sí puedes hacerlo.

Analizando el caso de las inversiones, ¿creéis que es posible dejarse ganar? Estamos muy acostumbrados a preguntarnos si alguien es capaz de batir al mercado, pero ahora la pregunta es si alguien es capaz de elegir aquellas inversiones que lo vayan a hacer mal. Es obvio que es igual de difícil elegir aquellas inversiones que lo van a hacer muy mal que aquellas que lo van a hacer muy bien (elegir las buenas es equivalente a descartar las malas). Por tanto, en el caso de las inversiones, la prueba del algodón ya nos indica que es una actividad donde la suerte es lo más importante.

Hay decisiones de inversión donde sí te puedes dejar ganar y donde el talento es importante

En un mercado financiero donde hay muchísimas personas decidiendo y donde los inversores no afectan al precio (se dice que son precio aceptantes) no te puedes dejar ganar. Pero en transacciones bilaterales donde una persona compra a otra te puedes dejar ganar y entonces el talento pasa a ser una característica muy importante.

Esto significa que en ámbitos menos líquidos como la inversión en empresas no cotizadas o la compraventa de inmuebles, conviene saber lo que se está haciendo y un inversor que sepa más del mercado, conozca mejor los contratos y sus cláusulas y sepa negociar mejor los términos tendrá una ventaja competitiva sobre el resto. Cualquiera que haya tenido que comprar o vender un inmueble o empresa no cotizada reconocerá que el talento es importante.

Dicho esto, si los participantes en estas transacciones ilíquidas decidieran estudiar mucho el mercado y sus términos, o buscaran muy buen asesoramiento, entonces todos serían expertos y, curiosamente, la suerte volvería a ser un elemento principal para determinar quien tendrá éxito. Mauboussin llama a este comportamiento la paradoja del talento. En actividades donde el talento es muy importante, si todos los participantes son expertos, entonces el resultado volverá a depender de la suerte.

En definitiva, cuanto más profesionalizado esté el sector de la inversión, más importante será de nuevo la suerte.

La rentabilidad inesperada es muy superior a la rentabilidad esperada

En el podcast de Kenneth hay un momento donde descompone la rentabilidad realizada (la rentabilidad que realmente observamos en una cartera) en dos, la rentabilidad esperada, que es la que como inversores esperamos ganar, y la rentabilidad inesperada, que es la rentabilidad que llega (positiva o negativa) por muchas causas y que no esperamos:

Rentabilidad realizada = Rentabilidad esperada + Rentabilidad inesperada

En Indexa, estimamos la rentabilidad esperada a largo plazo de las acciones de diferentes geografías calculando la media de las estimaciones de varias de las mayores gestoras del mundo. Hay muchas formas de estimar este dato y todas ellas tienen mucha incertidumbre, pero lo que podemos afirmar sin duda es que la rentabilidad inesperada es mucho mayor en valor absoluto que la rentabilidad esperada. Por ejemplo, a principios de 2020 la rentabilidad esperada por las mayores casas de gestión de las acciones americanas a largo plazo en euros estaba en el rango 4-6%. Sin embargo, durante el año 2020 hemos visto la bolsa moverse en un rango de -30% a +10%. En este caso la rentabilidad inesperada tiene una magnitud 5 veces mayor que la rentabilidad inesperada.

Por tanto, por mucho que te esfuerces en dedicar tiempo a mejorar tu estimación de la rentabilidad esperada de una inversión (si es que esto es posible) ten en cuenta que lo que vaya a ocurrir después es incierto. Es mucho más importante lo que no se puede saber que lo que se puede saber.

En finanzas, para analizar te van a hacer falta muchos datos y no tienes muchos datos comparables

Uno de los principales efectos que tiene la descompensación entre rentabilidad esperada e inesperada, es que realizar análisis estadísticos de datos va a ser muy complejo. La razón es que el ratio de señal/ruido es muy muy bajo. Hay poca señal y mucho ruido. Por esta razón vas a necesitar series históricas muy largas.

En el podcast le preguntan a Kenneth si cinco años son suficientes para analizar la rentabilidad de un gestor y su respuesta es que 5 años es demasiado poco e incluso 10 años también lo son. Curiosamente la mayoría de los análisis cuantitativos para identificar los mejores fondos se basan en datos de 3 años (por ejemplo Morningstar) y los premios que otorgan algunos medios se basan en períodos incluso inferiores (por ejemplo el concurso de carteras Allfunds/Expansion que Indexa ganó hace un par de años que busca la cartera con mejor rentabilidad el año anterior).

Como ilustración he estimado la rentabilidad que los mejores fondos con rentabilidad esperada 0% y volatilidad 14% (MSCI World de los últimos 10 años) tendrán a diferentes plazos. Que el fondo tenga rentabilidad esperada 0% significa que cualquier rentabilidad que obtenga se debe exclusivamente a la suerte (rentabilidad inesperada). El resultado es impactante:

Pongamos un ejemplo: si miramos la cuarta fila de la tabla, en un plazo de 1 año, uno de cada 10.000 fondos tendrá, por pura suerte, una rentabilidad superior al 29% (por pura suerte, a pesar de que la rentabilidad esperada, a priori, fuera de 0%). A 5 años, 1 de cada 10.000 fondos tendrá una rentabilidad superior al 78%, a 10 años más del 126% y a 30 años más del 310%, en un entorno de rentabilidad media de 0%. Es más, al gestor que haya obtenido una rentabilidad de +518% en 50 años, en un entono de rentabilidad media nula, es muy probable que le den un premio y lo cualifiquen como gestor súper estrella, porque es el mejor de los 10 mil fondos comparables, pero sin justificación porque habría obtenido esta rentabilidad excepcional por pura suerte.

Por tanto, hay que ser muy paciente con los datos financieros para poder analizar. Mi intuición es que, aunque tuviéramos 50 años de datos de fondos de inversión y de sus gestores para poder comparar, tampoco sería muy útil. La razón es que, al ser una ciencia social, los datos de los últimos diez años probablemente no sean comparables con los datos de hace 50 años.

Por ejemplo, imaginemos un gestor value que lo hiciera fantásticamente bien durante 20 años hasta el año 2010 en España más allá de cualquier duda estadística. ¿Significa eso que podemos esperar que en los siguientes 10 años también vaya a tener un comportamiento excepcional? La respuesta es no, porque es necesario que se mantengan las mismas condiciones que en los 20 años anteriores y no sabemos si eso ocurrirá. Quizá ese comportamiento excepcional está escondiendo unas características del mercado ventajosas (iliquidez, falta de transparencia, etc.) que puede que cambien y no se deba tanto al talento del gestor.

Suerte y reversión a la media son dos caras de la misma moneda

Si un proceso está mayoritariamente influenciado por la suerte, antes o después, si pruebas muchas veces, la suerte se te acabará. Esto hará que, con el tiempo suficiente, la buena rentabilidad de los fondos (y la mala) acabe volviendo a la media.

Esto no ocurre con las actividades donde el talento es lo principal. Por mucho que juegues 1.000 partidas de ajedrez con Magnus Carlsen, el actual campeón del mundo, es poco probable que vayas a ganarle una (de hecho, si ganas una, el sistema de puntos tiene en cuenta lo poco probable que esto es, y tu posición como ajedrecista mejoraría muchísimo).

Por tanto, hablando ahora del éxito inversor, cuando veas un gestor de fondos de mucho éxito deberías pensar que eventualmente revertirá a la media. Y al revés, cuando un inversor ha tenido muy mal comportamiento, lo normal es que su mala racha se agote y vuelva a revertir a la media. Es la falta de persistencia en la rentabilidad de los fondos de inversión.

Dicho esto, como el ratio de señal/ruido es tan bajo, el período de reversión a la media podría ser muy lento. Así que la estrategia de mantener un fondo al que le ha ido muy mal con la esperanza de que debería recuperar no es una buena estrategia: podría seguir cayendo durante mucho tiempo. Nadie lo sabe.

Si la suerte es muy importante, céntrate en evaluar el proceso de inversión

Entonces, si la suerte es tan importante en el mundo de la inversión lo racional es no complicarse la vida. No obstante, ¿hay algo que puede hacer un inversor para intentar mejorar algo sus expectativas de éxito? En su libro, Mauboussin recomienda centrarse en analizar el proceso de decisión en aquellas actividades donde la suerte impacta mayoritariamente el resultado (pero no la totalidad).

En el caso de la inversión en carteras de fondo o planes de pensiones hay dos características que sin duda deben formar parte del proceso de inversión: la reducción de comisiones y la maximización de la diversificación. El beneficio de ambas características está fuera de duda: cuanto menos pagas en comisiones, mayor es la rentabilidad esperada y cuanto más diversificas, mayor es la rentabilidad esperada corregida por riesgo.

Cumplir con estos dos principios no asegura el éxito inversor (ya que la rentabilidad inesperada es muy superior a la rentabilidad esperada) pero mejora nuestras opciones de éxito.

Conclusión

Invertir implica dejar de consumir hoy para poder consumir más en el futuro. El éxito inversor depende del futuro que nadie conoce y por tanto de la suerte. Como la suerte es tan importante, no merece la pena perder tiempo intentando buscar al mejor gestor o dedicarnos a buscar el mejor momento para entrar en bolsa o en buscar la acción que mejor lo hará el año que viene.

No obstante, pagar menos comisiones y diversificar más aumenta las posibilidades de que el futuro sea exitoso.

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Los beneficios de los reajustes automáticos de carteras (II)

Los reajustes automáticos son, junto con la diversificación global y las bajas comisiones, una de las principales señas de identidad de la gestión de Indexa. Los reajustes automáticos se encargan de que siempre tengas tu cartera muy ajustada a tu perfil de inversión. De esta forma, vende los fondos que han subido y compra los fondos que han caído, en términos relativos. En esta última crisis bursátil de la COVID-19, se realizaron miles de traspasos desde bonos hacia acciones, ya que las acciones estaban cayendo con fuerza y por tanto pasaban a tener un peso demasiado bajo en las carteras.

Hace 3 años y medio escribimos el artículo “Los beneficios de los reajustes automáticos de carteras” en el cual detallábamos el análisis hecho por David F. Swensen, conocido inversor y actual director de inversiones de la universidad de Yale, en su libro “Unconventional Success, A Fundamental Approach to Personal Investment. En este análisis concluíamos que se podía obtener un 0,4% de rentabilidad anual adicional, reajustando periódicamente las inversiones y manteniéndote en tu perfil máximo de riesgo.

Tras haber pasado ya por un ciclo completo de subidas y bajadas desde el lanzamiento de Indexa hace cuatro años y medio, es un buen momento para realizar un análisis de la diferencia de rentabilidad y riesgo históricos que hubiera obtenido un inversor en una cartera de Indexa, reajustando y sin reajustar.

Las hipótesis

Asumimos que el inversor tiene la cartera 6/10 de Indexa desde el 31/12/2015 al 10/07/2020. La composición es la siguiente (hacemos la simulación con los fondos de la clase institutional, aunque desde mayo 2020 tenemos acceso a los fondos de la clase institucional Plus de Vanguard):

  • 26% Vanguard US 500 Stk Idx Eur -Ins (IE0032126645)
  • 13% Vanguard European Stk Idx Eur -Ins (IE0007987708)
  • 5% Vanguard Japan Stk Idx Eur -Ins (IE0007286036)
  • 8% Vanguard Emrg Mk Stk Idx Eur -Ins (IE0031786696)
  • 9% Vanguard Euro Inv Gr Bnd Idx Eur -Ins (IE00B04FFJ44)
  • 16% Vanguard Eur Gv Bnd Idx -Ins (IE0007472990)
  • 23% Vanguard Euroz Inf Lk Bnd Idx -Ins (IE00B04GQR24)

En el caso de reajuste automático asumimos que el reajuste se realiza mensualmente (las aportaciones mensuales periódicas que realizan muchos inversores reajustan también las carteras ya que siempre se suscribe más de los fondos que están más debajo de su peso objetivo) y en el caso de no reajustar se deja que la compra inicial siga la evolución del mercado.

Por simplicidad, como estamos interesados en la comparación entre ambas opciones más que en la rentabilidad absoluta, en ambos casos suponemos que no hay ni comisión de gestión ni de custodia porque no afectan a la comparativa.

El resultado

El primer efecto de no reajustar las carteras es que el peso real de la cartera en acciones diferiría del peso objetivo que es 52%.


Como se puede observar en el gráfico, el peso en acciones de las carteras sin reajustes varía desde un mínimo de 50% en los primeros meses de 2016 hasta un máximo de 60% justo antes de la irrupción de la crisis bursátil de la COVID-19. Sin haber reajustado hubiéramos entrado en la crisis bursátil con un peso en acciones 8 puntos porcentuales por encima del peso del perfil.

El efecto de esto es que necesariamente el riesgo de la cartera sin reajustar va a ser mayor. Para esta muestra, la volatilidad de la cartera con reajustes es de 10,9% mientras que la volatilidad de la cartera sin reajustes es de 11,7%, 0,8 puntos porcentuales más (la volatilidad es una medición del riesgo).

El efecto en la rentabilidad depende de la muestra. Si escogemos un periodo donde las acciones están en máximos históricos, probablemente la estrategia de no reajustar hubiera obtenido una mayor rentabilidad que la cartera reajustada. En el gráfico a continuación podemos observar la evolución de 100€ invertidos en cada una de las dos opciones (con y sin reajustes):

Se puede observar que la evolución ha sido muy similar hasta justo antes de la última crisis, cuando la cartera sin reajustar ha caído con más fuerza (por tener más riesgo) que la cartera reajustada, lo cual ha hecho que la rentabilidad de la cartera con reajustes sea un 0,3% anual superior (5,3% vs. 5,6%). Como consecuencia, el ratio de Sharpe (ratio de rentabilidad por riego) es superior en el caso de la cartera con reajustes. El resumen de datos es el siguiente:

Con reajustes
(52% acciones)
Sin reajustes Diferencia
Rentabilidad anual 5,6% 5,3% 0,3%
Volatilidad 10,9% 11,7% -0,8%
Sharpe 0,51 0,45 0,06

La crítica obvia que se puede hacer a este análisis es la muestra: como no estamos en máximos históricos, el reajuste sale mejor, pero ¿qué ocurriría con otra muestra? Para responder a este comentario es importante no olvidar la principal ventaja del reajuste automático: reducir el riesgo. Podemos realizar una comparativa de una cartera que mantenga el peso máximo que llega a tener la cartera sin reajustes de esta muestra (60%) y comparar. El resultado es el siguiente:

En este caso el riesgo medido por volatilidad es algo superior (ya que los primeros años la cartera con reajustes está invertida al 60% mientras que la cartera sin reajustes empieza al 52%), pero la mayor rentabilidad obtenida (un 0,7% anual) compensa ampliamente este mayor riesgo. De esta forma, el ratio de Sharpe pasa de 0,45 a 0,49.

Con reajustes
(60% acciones)
Sin reajustes Diferencia
Rentabilidad anual 6,0% 5,3% 0,7%
Volatilidad 12,2% 11,7% 0,4%
Sharpe 0,49 0,45 0,04

Conclusión

En este ejercicio de simulación hemos querido mostrar con una cartera de Indexa, la diferencia de reajustar y no reajustar tu cartera. La principal ventaja de realizar reajustes periódicos es que el riesgo de tu cartera se reduce lo cual te permite invertir siempre en el mayor peso de acciones compatible con tu perfil, y no solo hacerlo cuando las acciones han subido.

En nuestro ejercicio, vemos que la rentabilidad que proporciona reajustar es un +0,7% anual, superior al dato de +0,4% obtenido por Swensen. Es muy difícil estimar este dato a largo plazo, pero no hay duda de que controlar automáticamente el riesgo de tu cartera te permitirá invertir en un perfil con más riesgo y por tanto obtener más rentabilidad a largo plazo.

Si aún no tienes cuenta con Indexa Capital, puedes probar gratuitamente nuestro test de perfil inversor y ver qué cartera te recomendaríamos, con máxima diversificación, y con costes de media 5 veces más bajos que con los bancos.

Una crisis bursátil más

Estas últimas semanas estamos asistiendo a una nueva crisis bursátil. Los índices globales están cayendo con fuerza y hay mucha incertidumbre sobre lo que ocurrirá en el futuro. En este artículo quiero por un lado mostraros datos históricos de las mayores caídas que se han registrado a nivel global para poner en contexto estas caídas recientes que son efectivamente muy significativas, y por otro, lanzar un mensaje de tranquilidad.

Por lo que vemos, tenemos clientes realmente centrados en el largo plazo. Desde máximos (19/02/2020) hasta el 12/03/2020, nuestros clientes han hecho aportaciones netas muy positivas, a pesar de las caídas: +22 millones de euros de aportaciones netas (+30M€ aportaciones y -8M€ retiradas). Por esta razón, hemos pensado mucho sobre si escribir este artículo ya que nada puede asustar más que un mensaje de tranquilidad no solicitado.

No obstante como tenemos varios clientes que nos preguntan qué opinamos sobre la situación actual y como en marzo hemos visto salidas por un 4% del patrimonio (cuatro veces lo habitual) he decidido escribir estas líneas para trasladar un mensaje claro: “Es otra crisis más, y como todas las anteriores pasará”.

Dicho esto, antes de entrar en detalles, me gustaría dar ánimos a todos los afectados por la enfermedad y sobre todo deseo su más pronta recuperación. Como sociedad, estás son las ocasiones en las que podemos demostrar que sabemos estar a la altura cuando es necesario.

Mayores caídas anuales del índice MSCI World

Actualización 27/03/2020: para dar más perspectiva aún, añadimos la tabla de las mayores caídas anuales.
A continuación adjunto una tabla con las mayores caídas anuales desde 1970. Como se puede observar, la caída que llevamos en el año 2020 (actualizado hasta el día 31 de marzo) sería la tercera mayor caída anual desde hace 50 años si tenemos en cuenta los tres primeros meses del año, o la octava si tenemos en cuenta la rentabilidad de los últimos 12 meses.

Ranking Mayor caída (%) Mayor caída (año) Comentario
1 -40,4% 2008 Caída de Lehman Brothers y crisis bancaria global
2 -27,8% 1974 Crisis del petróleo
-20,9% YTD* 31/03/2020 Crisis del Covid-19 (año en curso)
3 -19,5% 2002 Crisis de las “punto com”
4 -18,7% 1990 Crisis global
5 -17,1% 1973 Crisis del petróleo
6 -16,5% 2001 Crisis de las “punto com”
7 -12,9% 2000 Crisis de las “punto com”
-9,9% 31/03/2019 – 31/03/2020 Crisis del Covid-19 (últimos 12 meses)
8 -8,2% 2018 Tensión comercial EEUU – China
9 -7,9% 1981 Recesión en EEUU
10 -7,1% 1992 Crisis global
*YTD = «Year To Date», año en curso hasta la fecha indicada

Mayores caídas mensuales del índice MSCI World

A continuación adjunto una tabla con las mayores caídas mensuales desde 1970. Como se puede observar, la caída que llevamos en marzo (actualizado hasta el día 31) sería la quinta mayor caída mensual desde hace 50 años mientras que la caída de febrero estaría mucho más abajo en el puesto 21.

Ranking Mayor caída (%) Mayor caída  (mes) Comentario
1 -18,9% oct/2008 Caída de Lehman Brothers y crisis bancaria global
2 -17,1% oct/1987 Crisis EEUU («lunes negro»)
3 -13,3% ago/1998 Quiebra de Rusia
4 -13,2% nov/1973 Crisis del petróleo
5 -13,2% mar/2020 Crisis del Covid-19
6 -11,9% sep/2008 Crisis bancaria global
7 -11,1% mar/1980 Recesión en EEUU
8 -11,0% sep/2002 Crisis de las “punto com”
9 -10,8% sep/1990 Crisis global
10 -10,2% feb/2009 Crisis bancaria global
11 -9,9% ago/1974 Crisis del petróleo
21 -8,4% feb/2020 Crisis del Covid-19

Esta vez no es diferente

De acuerdo con la tabla anterior, sin ser el peor momento de los últimos 50 años, las caídas que estamos viviendo acabarán estando muy probablemente en el podio de las crisis bursátiles. No obstante espero que la tabla anterior os transmita el mensaje que quiero haceros llegar: esta crisis no tiene nada de especial. En el pasado ha habido muchas otras y os puedo asegurar que en muchas de ellas parecía igual que ahora que el mundo se iba a parar pero que finalmente, tras un parón más o menos prolongado, la economía global volvió a su senda de crecimiento y con ello las bolsas también. Desde 1970 hasta la fecha actual (31/03/2020) la rentabilidad anual del MSCI World ha sido de un 7,2% anual incluyendo reinversión de dividendos (5,7% sin dividendos) lo cual muestra muy bien como todas las crisis bursátiles anteriores no fueron más que baches en el camino. Es más, la cartera promedio de Indexa (6/10) desde nuestro lanzamiento hasta el día 31 de marzo ha rentado un 3,0% anual, dato que esta muy cerca de la rentabilidad esperada que teníamos para ese plan en nuestros inicios.

Personalmente viví en primera persona, con dinero propio y responsabilidad de dinero de clientes, dos crisis cuando efectivamente parecía que la economía iba a implosionar: la gran recesión global de 2008 y la crisis de deuda europea de 2012. En el primer caso durante una semana quebraron varias de las mayores entidades financieras y aseguradoras mientras el resto caían en bolsa un 20% un día tras otro. En el segundo, tras presenciar la quiebra de la deuda pública griega, vimos subir la prima de riesgo de los bonos de países periféricos (España e Italia entre otros) hasta niveles insostenibles mientras la posibilidad de que la zona euro se rompiera cada vez parecía más plausible. Os puedo asegurar que no era nada obvio pensar que tras unos años todo aquello quedara atrás.

Ahora nos encontramos, 12 y 8 años después respectivamente, preocupados por una potencial crisis global provocada por el aislamiento forzado para evitar el contagio de un virus. En este momento es bueno acordarse de que hemos dejado atrás las dos crisis anteriores que, como he comentado, fueron muy virulentas.

Lo que me gustaría que vierais como yo, es que dentro de un tiempo, esta crisis muy probablemente también habrá quedado atrás a pesar de que “esta vez parece que es diferente” y posiblemente estaremos preocupados por la siguiente crisis, y si no, estaremos preocupados porque las valoraciones de los activos parecerán altas.

Invertir supone pasar por estos baches con el rumbo firme. No dejes que las noticias y el ruido gestionen tu patrimonio.

Ahora no hagas nada

Por tanto, alguien podría decir que ante semejantes caídas lo más razonable es ser prudente y vender para esperar con más tranquilidad a un mejor momento para invertir, o al revés, otros podrían decidir que ahora que ha habido estas caídas es un buen momento para invertir ese efectivo que se tenía apartado para comprar en estas ocasiones.

Nuestra recomendación siempre será la misma: no hagas nada que no estuvieras haciendo ya. La razón es que al elegir el momento de invertir o desinvertir, los datos dicen que en media perderás rentabilidad. Igual tienes suerte y vender o comprar ahora te haga ganar algo más, pero es lo menos probable.

Tu perfil

Estos momentos de caídas son un muy buen test para ver si tu perfil de riesgo era el adecuado. Si estás intranquilo y notas que tu dinero te está preocupando probablemente tengas un perfil demasiado alto. Nuestra recomendación es de nuevo que ahora no hagas nada. Más adelante, cuando todo haya pasado, podrás hacer un buen balance y ver si conviene revisar a la baja tu perfil de riesgo o no.

Conclusión

Desde Indexa, hemos dedicado mucho tiempo y esfuerzo en tratar de anticiparos que momentos como el actual llegarían. Hace 5 meses te proponíamos firmar un contrato contigo mismo para intentar evitar que retires el dinero en momentos de caídas. Hace sólo dos meses titulábamos nuestro informe de rentabilidad mensual «2019 ha sido un año extraordinario ¿soportarás un año de rentabilidades igualmente negativas?«. Lamentablemente, se ha dado esta situación. Se que en momentos como el actual es muy difícil mantener el rumbo, pero espero que los datos que hemos mostrado anteriormente os ayuden a reforzar vuestra determinación. Porque al final, conviene siempre fijarse más en los datos que en las sensaciones como el miedo o la avaricia.

El activismo de los fondos indexados

El patrimonio gestionado de los fondos indexados aumenta año tras año y tres gestoras indexadas están recogiendo la mayor parte de este crecimiento: Vanguard, iShares (que pertenece a Blackrock) y State Street Global Advisors (SSGA). Como consecuencia, entre los fondos de estas tres gestoras se alcanzan posiciones de control muy significativas en las mayores empresas cotizadas del mundo, como por ejemplo un 18% de Apple a finales de 2019, el doble que 10 años antes.

Cada vez más voces (habitualmente voces que provienen de los gestores activos que en los últimos años se han quedado muy rezagados en términos de rentabilidad en comparación con los fondos indexados) alertan de que los fondos indexados, al no ser activos, no van a ser capaces de controlar a los directivos de las empresas cotizadas (ej. “The Hidden Dangers of the Great Index Fund Takeover”, Bloomberg Businessweek 9/01/2020). Alertan de un problema clásico de agencia, por el cual, los directivos se aprovechan de los accionistas, asignándose retribuciones desmesuradas y no relacionadas con su nivel de desempeño.

Lo cierto es que no es así. Todas las gestoras de fondos indexados tienen políticas muy bien definidas en relación a las diferentes votaciones que surgen a nivel de junta de accionistas. El objetivo de estas políticas es maximizar la rentabilidad a largo plazo de los partícipes de los fondos indexados.

En este artículo vamos a resumir el contenido de estas políticas de Vanguard en particular, ya que es la gestora de la mayoría de los fondos de nuestras carteras de fondos, pero existen políticas similares para las otras gestoras indexadas.

Vanguard Proxy Voting

En el caso de Vanguard, las políticas se centran en cuatro pilares:

  1. Composición y efectividad del Consejo de Administración, que analiza cuestiones relacionadas con la idoneidad e independencia del máximo órgano de administración.
  2. Supervisión de la estrategia y riesgo que trata de políticas de votaciones sobre ampliaciones de capital, fusiones y adquisiciones y en general eventos corporativos.
  3. Compensación del equipo directivo que debe estar alineada con la rentabilidad a largo plazo de los accionistas.
  4. Estructuras de gobierno que buscan facilitar los cambios de control y las votaciones libres y representativas.

El documento “Summary of the proxy voting policy for U.S. portfolio companies”(“Resumen de la política de delegación de votos para las empresas estadounidenses”) está disponible online y a lo largo de 20 páginas desgrana los casos en los que votará sistemáticamente a favor, en contra, o caso por caso. Hemos destacado algunos ejemplos que esperamos sean de vuestro interés. Personalmente he aprendido mucho ya que este manual es un compendio muy práctico de problemas de agencia que pueden surgir entre directivos y accionistas.

Asimismo, se puede consultar también online lo que ha votado cada uno de los fondos de Vanguard en la última junta de accionistas. Como se puede observar en el documento habitualmente se vota a favor de las propuestas de la empresa y en contra de las propuestas de los accionistas, pero es habitual ver votaciones en el sentido contrario.

Pilar I: Composición del consejo y efectividad

  • Conseguir consejos de administración donde los consejeros independientes son mayoría.
  • Conseguir que los comités clave (auditoría, remuneración y nombramientos) tengan miembros mayoritariamente independientes.
  • Buscar la exclusividad del Consejero Delegado (vota en contra de que el Consejero Delegado sea consejero en otras empresas).
  • Buscar que ningún consejero sea miembro de más de cinco consejos.
  • Votar en contra de la elección de los consejeros que no compartan las políticas anteriores.
  • Votar en contra de la elección de miembros del comité de compensaciones que no propongan consultar a los accionistas sobre las políticas de compensación (“Say on Pay policies”)
  • Votar en contra de políticas de compensación consideradas abusivas. Por ejemplo, programas de retribución de opciones sobre acciones de tipología “repricing”, “evergreen” o “reload”.
  • Votar en contra del nombramiento de aquel miembro del consejo o comité que vote en contra de las propuestas que contaran el año anterior con más del 50% de apoyo de accionistas financieros.
  • Votar en contra de la reelección de consejeros que no acudan al 75% de los consejos.
  • En general no votar a favor de separar el cargo de presidente y CEO salvo que existan factores de riesgo adicionales.
  • Votar a favor de propuestas de accionistas que busquen implantar políticas de diversidad (por ejemplo de género y nacionalidad) y aumentar la transparencia de la información relacionada.

Pilar II: Supervisión de la estrategia y riesgo

  • En general votar a favor de ampliaciones de capital mientras la dilución sea inferior al 100%.
  • En general votar también a favor de realizar “reverse stock splits” (operación que supone cambiar varias acciones por una de un precio superior para reducir costes).
  • En votaciones relativas a fusiones y adquisiciones votar caso por caso en función de la valoración, posición del consejo, reacción del mercado, expectativas de largo plazo, opiniones de asesores financieros independientes terceros.
  • Votar en general a favor de propuestas que busquen aumentar la transparencia en políticas ISG pero que no sean demasiado restrictivas para el equipo gestor
  • Votar caso por caso en cuestiones de transparencia hacia los empleados y a favor de crear políticas de inclusión y diversidad de identidad u orientación sexual o clases protegidas.
  • Votar caso por caso a la hora de elegir el auditor de cuentas.

Pilar III: Compensación

  • El principio que rige las políticas de compensación es alinear el pago con el desempeño y favorecer la retribución que mejore el valor para el accionista a largo plazo.
  • En los planes de compensación, consideran factores de riesgo:
    • que la retribución esté por encima de empresas similares si la rentabilidad para el accionista está por debajo,
    • que el plan de largo plazo sea inferior al 50% de la retribución total,
    • que el periodo de computo sea inferior a tres años, o
    • que el pago total esté por encima de la mediana del sector.
  • Votar a favor de propuestas del equipo gestor a promover una votación “Say on Pay” anual (que los accionistas puedan votar anualmente sobre la remuneración de los consejeros).
  • En general votar a favor de las protecciones al equipo gestor (“golden parachutes”) mientras no se consideren excesivos o no razonables (por ejemplo si son inferiores a tres salarios anuales y no incluyen el pago de impuestos del directivo).
  • A la hora de incorporar acciones en la compensación:
    • buscar que los altos ejecutivos posean un múltiplo significativo de su salario anual,
    • fomentar los periodos de devengo (“vesting”),
    • fomentar que el pago en acciones sea un sustituto al pago en efectivo (y no algo adicional),
    • evitar que la dilución exceda al 20% de las acciones en circulación,
    • evitar que los planes de stock options permitan cambiar el precio de ejercicio sin la aprobación de los accionistas
    • evitar que se contemplen opciones “reload” (que otorgan opciones adicionales tras la ejecución de la opción), o tengan la característica “evergreen” (que son planes de opciones sin vencimiento que garantizan un porcentaje de las acciones en emisión cada año).

Pilar IV: Estructuras de gobierno

  • El fondo votará a favor de evitar que las elecciones a los consejeros sean parciales (“staggered boards”). Votará también a favor de eliminar el voto acumulado (por el cual un consejero puede tener varios votos)
  • El fondo votará a favor de permitir a un accionista, o grupo de hasta 20 accionistas representando como mínimo el 3% durante 3 años, nominar el 20% de los asientos en el consejo.
  • Como principio evitará las acciones con voto y sin voto, siguiendo siempre el principio de una acción un voto.
  • El fondo votará en general en contra de las cláusulas que dificulten la adquisición de la compañía (“poison pills”).
  • Se votará en general contra las propuestas de adoptar requisitos de supermayorías y a favor de eliminar las existentes y se votará a favor de implantar el voto secreto
  • Se votará en general en contra de reducir los requerimientos de quorum inferiores a la mayoría para las juntas de accionistas.
Personalmente esta lectura de los criterios de Vanguard me ha enseñado mucho sobre gobierno corporativo y sobre los múltiplos trucos que suelen usar los directivos para quedarse con una mayor parte de la creación de valor, en perjuicio de los accionistas. También he podido comprobar que es un tema que las grandes gestoras de fondos indexados se toman muy en serio y que la indexación es compatible con el activismo en defensa de los intereses de los inversores.

Los fondos de gestión activa son peores que el índice en subidas y en bajadas de mercado

Recientemente hemos leído en varios medios (como por ejemplo “La prueba de fuego para la gestión pasiva” en El País) como los gestores activos admiten que en los últimos años, los fondos indexados han obtenido mejores rentabilidades que los fondos de gestión activa pero, a continuación, advierten que la razón es que han sido años positivos y “en años alcistas es muy difícil superar a los índices” porque “todo sube” pero que en los años de caídas es cuando más valor aporta la gestión activa ya que entonces los índices “no te protegen de las caídas” mientras que los gestores activos según ellos sí lo hacen.

En Indexa, como siempre, hemos acudido a los datos para contrastar esta afirmación: ¿Es cierto que los fondos de gestión activa lo hacen mejor que los índices en bajadas de mercado? Para ello hemos utilizados los datos SPIVA (Standard & Poors Indices Versus Active) que preparan desde S&P Global. En particular, hemos analizado si se puede encontrar alguna relación entre la rentabilidad del índice entre los años 2001 y 2018 y el porcentaje de fondos domésticos de Estados Unidos (“All domestic funds”) que baten al índice S&P Composite 1500 ya que es la categoría más representativa y que más fondos incluye. En los informes se pueden encontrar muchos más datos, ya que realizan el mismo análisis diferenciando por el foco de tamaño (pequeñas, medianas o grandes empresas) y estilo (growth o value). El período elegido es el máximo para el cual SPIVA realiza los estudios y consideramos que es adecuado para responder a la pregunta que nos planteamos ya que incorpora tres años significativamente negativos (2001, 2002 y 2008).

Los gestores activos no protegen de las caídas

Si comparamos la rentabilidad de un año del índice con el porcentaje de fondos domésticos que lo hacen mejor que el índice observamos que, de haber alguna relación, en realidad es la contraria: en años de caídas bursátiles, el porcentaje de fondos que lo hacen peor que el índice es mayor (ver gráfica a continuación).

Fondos que baten al índice periodo 1 año

Teniendo en cuenta que la significatividad de la regresión es muy baja, lo mejor que podemos decir es que no existe ninguna relación entre el porcentaje de fondos que baten al índice y la rentabilidad del índice en el último año. El porcentaje de fondos que no bate al índice a un año oscila entre 40,7% (año 2009, cuando la bolsa subió un 27,2%) y 86,9% (año 2014, cuando la bolsa subió un 13,1%) y la media es 59,6%. El año en el que menos fondos lo han hecho peor que el índice coincide con el segundo año de mayores subidas de la muestra, justo lo contrario de lo que afirman los gestores activos.

Para aquellos de nuestros lectores habituales que estén sorprendidos de que haya años donde haya más fondos de gestión activa que después de comisiones lo hagan mejor que los índices, hay que tener en cuenta que en períodos cortos de tiempo la ventaja competitiva de los índices (menores comisiones) no es tanta como para anular el efecto de buena suerte que puedan tener los gestores activos a la hora de hacer sus inversiones. Los datos que solemos resaltar en nuestros estudios suelen ser de 10 años o más.

En nuestra opinión el gráfico que hemos presentado ofrece una fuerte evidencia en contra de la afirmación de que los gestores activos lo hacen mejor en épocas de caídas. No obstante, y para salir de dudas, hemos realizado el mismo análisis utilizando rentabilidades y porcentajes a 5 años y 10 años. En el caso de 5 años, disponemos de los datos de SPIVA para el período 2008 a 2018 (que tiene en cuenta rentabilidades entre 2003 y 2018) y para 10 años entre los años 2014 y 2018 (que tiene en cuenta rentabilidades entre 2004y 2018). Hay que tener en cuenta que al haber menos observaciones los resultados serán menos significativos que en el caso anterior.

Los resultados son los siguientes:

Fondos que baten al índice periodo 5 años

Fondos que baten al índice periodo 10 años

Podemos realizar los siguientes comentarios sobre los resultados obtenidos:

  • A 5 años hay cierta correlación positiva entre el porcentaje de fondos que no baten al índice y la rentabilidad del índice. El R2 no obstante es bajo (28%) y no hay significancia estadística de esta relación al 95% de confianza. Por tanto, de nuevo, lo más que podemos decir es que no existe ninguna relación entre rentabilidad del índice y porcentaje de fondos de gestión activa que no baten al índice.
  • A 10 años, sólo contamos con 5 puntos, pero de nuevo, no se aprecia ninguna relación.
  • Lo que sí es muy destacable es que a medida que se amplía el plazo, el porcentaje medio de fondos que no baten a sus índices de referencia aumenta significativamente: pasa del 59,6% a un año, a 73,2% a 5 años y 82,7% a 10 años (ver gráfico debajo).

Fondos que baten al índice 1 a 10 años
Se podría repetir este mismo análisis con fondos de otros estilos o tamaños e incluso con fondos domiciliados en otras geografías (Europa o Asia) y los resultados deberían ser similares. Y la razón por la que esperamos que sea así, es que en realidad un cálculo muy sencillo que ilustró Warren Buffett lo demuestra:

Imaginemos que el mercado estuviera formado por 100 gestores de fondos y todos ellos tienen inicialmente una centésima parte de todas las empresas del mundo.  Ahora imaginemos que 50 de ellos no hacen nada (son gestores indexados), mientras que el resto se cambia acciones entre ellos y pagan elevadas comisiones a asesores y gestores de pongamos el 2% anual (son gestores activos).

Ahora esperemos un año. Los dos grupos tendrán antes de comisiones la misma rentabilidad ya que como grupo empiezan con la misma cartera y acaban con la misma cartera, pero el grupo de los indexados tendrá en media un 2% de mayor rentabilidad después de comisiones. Si esperamos 10 años, entonces en media el grupo indexado lo habrá hecho mejor un 20% (en realidad más porque se componen las comisiones). Por tanto, a 10 años habrá un porcentaje menor de fondos activos que lo hacen mejor que el índice que a 1 año.

Si eres un lector atento objetarás que esta simplificación no es compatible con observar períodos de 1 año donde la mayoría de los fondos lo hacen mejor que el índice (como ocasionalmente se observa). La forma de explicar esta aparente paradoja es que en realidad, hay otros inversores además de gestores de fondos (inversores individuales, family offices, bancos y aseguradoras que invierten directamente en acciones) y por tanto, si esos otros gestores también son activos, esto hace posible que haya años que lo hagan peor que el índice para beneficio de los gestores de fondos que son los que se miden en las comparativas de SPIVA. Por volver al ejemplo anterior de los 50 inversores activos, 25 podrían ser fondos activos y otros 25 inversores directos que no aparecen en los estudios.

Conclusión

No existe ninguna evidencia de que los fondos de gestión activa tengan mejor comportamiento en períodos de caídas que en períodos de subidas. La única evidencia real que existe es que a medida que se amplía el plazo de inversión, más difícil es que tu gestor activo lo haga mejor que el índice ya que las comisiones se amontonan y ponen cada vez más alta la barrera a superar.

Si ya tienes tu cuenta abierta con nosotros, puedes ver las nuevas expectativas de tu cartera en tu zona privada > Plan.

Si aún no estás indexado con nosotros: no dudes en responder a nuestro breve test de perfil inversor (2 minutos) para ver qué cartera te podemos ofrecer, sus expectativas de rentabilidad, sus costes, … sin compromiso y sin tener que facilitarnos ningún dato personal.

Limitaciones de la indexación global pura

En Indexa somos unos firmes defensores de la indexación global por capitalización y de evitar a toda costa el sesgo local (“home bias”) que habitualmente tienen los inversores y los gestores.

Como mostramos en un nuestro artículo a ”El homo indexatus, invertir a largo plazo y los cisnes negros”, un inversor desde 1899 hasta la actualidad que se hubiera indexado al mundo habría obtenido una rentabilidad real de 5,0% anual (esto significa que hubiera aumentado un 5% su poder adquisitivo cada año y que se hubiera duplicado el valor real de la cartera cada 14 años). Esta rentabilidad es muy significativa y más que suficiente, pero además se consigue con un riesgo menor que eligiendo un país concreto ya que la diversificación reduce la volatilidad.

Por estas razones recomendamos “comprar el mundo” y desde nuestro lanzamiento hace cuatro  años, hemos defendido por ejemplo, que las acciones de Estados Unidos debían tener un peso muy significativo en las carteras a pesar de que “habitualmente el S&P500 está en máximos”.

No obstante, tanto en nuestras carteras de fondos como en nuestras carteras de planes de pensiones, el peso que tienen las acciones de Estados Unidos es inferior al peso del 55% que tiene en la capitalización global. La razón es que la indexación global pura por capitalización tiene dos problemas. Por un lado, ignora la fiscalidad del inversor y por otro es vulnerable a posibles burbujas.

La indexación global pura ignora la fiscalidad del inversor

Este es el efecto más evidente de los dos. El mejor ejemplo es el de un inversor europeo que invierte en Estados Unidos. Sobre inversiones en acciones en Estados Unidos, los fondos de inversión no estadounidenses sufren una retención del 30% sobre los dividendos, y no pueden recuperar esta retención (se pierde un 30% de los dividendos). Por tanto, un inversor europeo en acciones de Estados Unidos tiene una menor rentabilidad esperada que un inversor estadounidense invirtiendo en acciones de Estados Unidos , por lo que el inversor europeo debería invertir menos en Estados Unidos que un inversor estadounidense (ya que el riesgo es el mismo para ambos). En el caso extremo de que se perdiera el 100% del dividendo entonces el inversor europeo no debería invertir en Estados Unidos.

Si aplicamos la indexación pura por capitalización no estamos teniendo en cuenta este efecto que tiene la discriminación fiscal. La razón por la que Estados Unidos pesa el 55% de los mercados globales es porque una gran parte de los inversores son estadounidenses. Si la mayoría de los inversores fueran europeos, el peso de Estados Unidos sería seguramente inferior (por el impacto de la fiscalidad).

La indexación global pura es vulnerable a burbujas

Este es un efecto más sujeto a interpretación ya que podría considerarse que implica cierta visión activa. En el pico de su burbuja de los años 80, el mercado Japonés llegó a pesar un 44% del índice MSCI World (mientras el peso medido por PIB era 4 veces inferior) y actualmente pesa algo menos de un 10% del MSCI World.  Por otro lado, el PER (Price to Earnings Ratio, o ratio del precio de las acciones dividido por los beneficios) en aquella época estuvo en el rango de 70x lo cual implica que se estuvo pagando los beneficios de 70 años para comprar empresas (o que tardarías 70 años en amortizar una compra con los beneficios actuales). Una valoración de PER de 70 veces para un mercado desarrollado es coyuntural y eventualmente volverá a bajar, bien porque aumentarán los beneficios, o bien porque caerán los precios de las acciones, o una mezcla de los dos.

Fuente: Schroders – MSCI

Por tanto, surge la duda de si no sería razonable marcar un mínimo de diversificación por zona geográfica para evitar estas desmesuras que el mercado tiene ocasionalmente. De forma similar, se podría plantear establecer un mínimo de diversificación por sector económico (consumo, petróleo, tecnología) para minimizar el impacto de burbujas como la del año 2001.

Matizando la indexación global pura

Por estas dos razones, consideramos que hay que matizar los pesos que propone la indexación global pura. Por un lado, hay que penalizar las regiones que te cobran más impuestos y por otro conviene establecer un mínimo de diversificación. Para calcular cuánto reducir el peso de las acciones de Estados Unidos en nuestras carteras, tenemos dos opciones:

  1. Se puede calcular qué parte del beneficio de las empresas perdemos por impuestos. Teniendo en cuenta que el porcentaje que se paga en dividendos en EEUU es aproximadamente un 35% y que se pierde un 30% de ese dividendo entonces se debería reducir un 10% el peso.
  2. O asumiendo que el valor de una acción es el flujo descontado de dividendos, entonces el peso debería ser un 30% menos.

No existe una forma obvia de cómo reducir el peso de Estados Unidos en nuestras carteras. En nuestras carteras de fondos de inversión, hemos limitado el peso de las acciones de Estados Unidos a 35% de la cartera total que incluye mínimo 21% de bonos, lo que equivale a un peso máximo de 44% del total de las acciones en la cartera (35% de 79% es igual a 44%). En cuanto a nuestro plan de pensiones de acciones (Indexa Más Rentabilidad Acciones PP), hemos limitado el peso de las acciones de Estados Unidos al 45% de este plan. En ambos casos el porcentaje máximo de acciones de Estados Unidos es similar, 44% o 45% de la renta variable de la cartera, y es inferior al peso actual de las acciones de Estados Unidos en la capitalización bursátil mundial, que es del 55% del MSCI All Countries (índice que aglutina las empresas de gran capitalización de países desarrollados y emergentes). Se trata de una reducción de 10 puntos porcentuales (45-55%) que equivale a una reducción de aproximadamente 18% del peso de las acciones de Estados Unidos (10/55 = 18%), a medio camino entre las dos opciones detalladas más arriba, de reducir un 10% o de reducir un 30%.

Conclusión

Los impuestos y las burbujas hacen que la indexación pura por capitalización no sea una opción perfecta y que necesite ser matizada. No existe una mejor forma de limitar el peso de las acciones de Estados Unidos, pero sin duda hay que limitarlo de alguna manera. En Indexa hemos decidido limitar el peso de las acciones de Estados Unidos a +- 45% de la inversión en acciones a nivel global, debajo del peso que le correspondería a Estados Unidos por la capitalización bursátil actual (55%), con el objetivo de mejorar la rentabilidad por riesgo de nuestras carteras para nuestros clientes.