Suerte o talento II


Hay una pregunta que a medida que pasan los años cada vez me interesa más. Se trata de la importancia de la suerte en nuestro día a día y en varios ámbitos como el éxito profesional o el éxito inversor. Este verano, he podido dedicar parte del tiempo a leer y pensar sobre el asunto. En particular he leído el libro “The Success Equation: untangling Skill and lick in business, sports, and investing” de Michael J. Mauboussin y escuché el podcast Kenneth French: “Expect the unexpected”.

El libro de Mauboussin se hace muchas y muy interesantes preguntas. Por un lado, analiza cómo de importante es la suerte y el talento en varios deportes, en los negocios y en la inversión. Está claro que ciertas actividades conllevan una proporción de suerte superior a otras, pero, ¿se puede medir esta diferencia? ¿Hay aprendizajes accionables al conocer estas diferencias? Recomiendo la lectura a todo aquel interesado en el tema, especialmente si le interesan los deportes y las apuestas deportivas.

El podcast de French está mucho más centrado en las finanzas. Muchos de los artículos académicos clásicos de las finanzas han sido escritos por Eugene Fama junto con Kenneth French. De hecho, en noviembre de 2018, escribí una entrada en este blog titulada “Suerte o talento” en el que desgranaba un artículo escrito por esos autores sobre el tema. Los 60 minutos que dura el podcast son un buen resumen de la visión del autor sobre la importancia de la suerte en las inversiones.

En este artículo quiero compartir con vosotros algunas conclusiones que me he apuntado tras reflexionar sobre el tema.

La inversión es uno de los ámbitos donde la suerte es más importante

Uno de los objetivos del libro de Mauboussin es intentar ordenar diferentes actividades en función de lo más o menos importante que es la suerte. El resultado al que llega es el siguiente:

En el lado izquierdo aparecen las actividades de pura suerte como la ruleta o las máquinas tragaperras y la siguiente es la inversión. En el lado derecho aparecen las actividades de puro talento como el ajedrez o el baloncesto.

Una de las pruebas del algodón para ver si en una actividad la suerte es lo más importante, es analizar si te puedes dejar ganar con seguridad. Por ejemplo, está claro que en la ruleta no puedes perder a posta, pero en el ajedrez o en el baloncesto sí puedes hacerlo.

Analizando el caso de las inversiones, ¿creéis que es posible dejarse ganar? Estamos muy acostumbrados a preguntarnos si alguien es capaz de batir al mercado, pero ahora la pregunta es si alguien es capaz de elegir aquellas inversiones que lo vayan a hacer mal. Es obvio que es igual de difícil elegir aquellas inversiones que lo van a hacer muy mal que aquellas que lo van a hacer muy bien (elegir las buenas es equivalente a descartar las malas). Por tanto, en el caso de las inversiones, la prueba del algodón ya nos indica que es una actividad donde la suerte es lo más importante.

Hay decisiones de inversión donde sí te puedes dejar ganar y donde el talento es importante

En un mercado financiero donde hay muchísimas personas decidiendo y donde los inversores no afectan al precio (se dice que son precio aceptantes) no te puedes dejar ganar. Pero en transacciones bilaterales donde una persona compra a otra te puedes dejar ganar y entonces el talento pasa a ser una característica muy importante.

Esto significa que en ámbitos menos líquidos como la inversión en empresas no cotizadas o la compraventa de inmuebles, conviene saber lo que se está haciendo y un inversor que sepa más del mercado, conozca mejor los contratos y sus cláusulas y sepa negociar mejor los términos tendrá una ventaja competitiva sobre el resto. Cualquiera que haya tenido que comprar o vender un inmueble o empresa no cotizada reconocerá que el talento es importante.

Dicho esto, si los participantes en estas transacciones ilíquidas decidieran estudiar mucho el mercado y sus términos, o buscaran muy buen asesoramiento, entonces todos serían expertos y, curiosamente, la suerte volvería a ser un elemento principal para determinar quien tendrá éxito. Mauboussin llama a este comportamiento la paradoja del talento. En actividades donde el talento es muy importante, si todos los participantes son expertos, entonces el resultado volverá a depender de la suerte.

En definitiva, cuanto más profesionalizado esté el sector de la inversión, más importante será de nuevo la suerte.

La rentabilidad inesperada es muy superior a la rentabilidad esperada

En el podcast de Kenneth hay un momento donde descompone la rentabilidad realizada (la rentabilidad que realmente observamos en una cartera) en dos, la rentabilidad esperada, que es la que como inversores esperamos ganar, y la rentabilidad inesperada, que es la rentabilidad que llega (positiva o negativa) por muchas causas y que no esperamos:

Rentabilidad realizada = Rentabilidad esperada + Rentabilidad inesperada

En Indexa, estimamos la rentabilidad esperada a largo plazo de las acciones de diferentes geografías calculando la media de las estimaciones de varias de las mayores gestoras del mundo. Hay muchas formas de estimar este dato y todas ellas tienen mucha incertidumbre, pero lo que podemos afirmar sin duda es que la rentabilidad inesperada es mucho mayor en valor absoluto que la rentabilidad esperada. Por ejemplo, a principios de 2020 la rentabilidad esperada por las mayores casas de gestión de las acciones americanas a largo plazo en euros estaba en el rango 4-6%. Sin embargo, durante el año 2020 hemos visto la bolsa moverse en un rango de -30% a +10%. En este caso la rentabilidad inesperada tiene una magnitud 5 veces mayor que la rentabilidad inesperada.

Por tanto, por mucho que te esfuerces en dedicar tiempo a mejorar tu estimación de la rentabilidad esperada de una inversión (si es que esto es posible) ten en cuenta que lo que vaya a ocurrir después es incierto. Es mucho más importante lo que no se puede saber que lo que se puede saber.

En finanzas, para analizar te van a hacer falta muchos datos y no tienes muchos datos comparables

Uno de los principales efectos que tiene la descompensación entre rentabilidad esperada e inesperada, es que realizar análisis estadísticos de datos va a ser muy complejo. La razón es que el ratio de señal/ruido es muy muy bajo. Hay poca señal y mucho ruido. Por esta razón vas a necesitar series históricas muy largas.

En el podcast le preguntan a Kenneth si cinco años son suficientes para analizar la rentabilidad de un gestor y su respuesta es que 5 años es demasiado poco e incluso 10 años también lo son. Curiosamente la mayoría de los análisis cuantitativos para identificar los mejores fondos se basan en datos de 3 años (por ejemplo Morningstar) y los premios que otorgan algunos medios se basan en períodos incluso inferiores (por ejemplo el concurso de carteras Allfunds/Expansion que Indexa ganó hace un par de años que busca la cartera con mejor rentabilidad el año anterior).

Como ilustración he estimado la rentabilidad que los mejores fondos con rentabilidad esperada 0% y volatilidad 14% (MSCI World de los últimos 10 años) tendrán a diferentes plazos. Que el fondo tenga rentabilidad esperada 0% significa que cualquier rentabilidad que obtenga se debe exclusivamente a la suerte (rentabilidad inesperada). El resultado es impactante:

Pongamos un ejemplo: si miramos la cuarta fila de la tabla, en un plazo de 1 año, uno de cada 10.000 fondos tendrá, por pura suerte, una rentabilidad superior al 29% (por pura suerte, a pesar de que la rentabilidad esperada, a priori, fuera de 0%). A 5 años, 1 de cada 10.000 fondos tendrá una rentabilidad superior al 78%, a 10 años más del 126% y a 30 años más del 310%, en un entorno de rentabilidad media de 0%. Es más, al gestor que haya obtenido una rentabilidad de +518% en 50 años, en un entono de rentabilidad media nula, es muy probable que le den un premio y lo cualifiquen como gestor súper estrella, porque es el mejor de los 10 mil fondos comparables, pero sin justificación porque habría obtenido esta rentabilidad excepcional por pura suerte.

Por tanto, hay que ser muy paciente con los datos financieros para poder analizar. Mi intuición es que, aunque tuviéramos 50 años de datos de fondos de inversión y de sus gestores para poder comparar, tampoco sería muy útil. La razón es que, al ser una ciencia social, los datos de los últimos diez años probablemente no sean comparables con los datos de hace 50 años.

Por ejemplo, imaginemos un gestor value que lo hiciera fantásticamente bien durante 20 años hasta el año 2010 en España más allá de cualquier duda estadística. ¿Significa eso que podemos esperar que en los siguientes 10 años también vaya a tener un comportamiento excepcional? La respuesta es no, porque es necesario que se mantengan las mismas condiciones que en los 20 años anteriores y no sabemos si eso ocurrirá. Quizá ese comportamiento excepcional está escondiendo unas características del mercado ventajosas (iliquidez, falta de transparencia, etc.) que puede que cambien y no se deba tanto al talento del gestor.

Suerte y reversión a la media son dos caras de la misma moneda

Si un proceso está mayoritariamente influenciado por la suerte, antes o después, si pruebas muchas veces, la suerte se te acabará. Esto hará que, con el tiempo suficiente, la buena rentabilidad de los fondos (y la mala) acabe volviendo a la media.

Esto no ocurre con las actividades donde el talento es lo principal. Por mucho que juegues 1.000 partidas de ajedrez con Magnus Carlsen, el actual campeón del mundo, es poco probable que vayas a ganarle una (de hecho, si ganas una, el sistema de puntos tiene en cuenta lo poco probable que esto es, y tu posición como ajedrecista mejoraría muchísimo).

Por tanto, hablando ahora del éxito inversor, cuando veas un gestor de fondos de mucho éxito deberías pensar que eventualmente revertirá a la media. Y al revés, cuando un inversor ha tenido muy mal comportamiento, lo normal es que su mala racha se agote y vuelva a revertir a la media. Es la falta de persistencia en la rentabilidad de los fondos de inversión.

Dicho esto, como el ratio de señal/ruido es tan bajo, el período de reversión a la media podría ser muy lento. Así que la estrategia de mantener un fondo al que le ha ido muy mal con la esperanza de que debería recuperar no es una buena estrategia: podría seguir cayendo durante mucho tiempo. Nadie lo sabe.

Si la suerte es muy importante, céntrate en evaluar el proceso de inversión

Entonces, si la suerte es tan importante en el mundo de la inversión lo racional es no complicarse la vida. No obstante, ¿hay algo que puede hacer un inversor para intentar mejorar algo sus expectativas de éxito? En su libro, Mauboussin recomienda centrarse en analizar el proceso de decisión en aquellas actividades donde la suerte impacta mayoritariamente el resultado (pero no la totalidad).

En el caso de la inversión en carteras de fondo o planes de pensiones hay dos características que sin duda deben formar parte del proceso de inversión: la reducción de comisiones y la maximización de la diversificación. El beneficio de ambas características está fuera de duda: cuanto menos pagas en comisiones, mayor es la rentabilidad esperada y cuanto más diversificas, mayor es la rentabilidad esperada corregida por riesgo.

Cumplir con estos dos principios no asegura el éxito inversor (ya que la rentabilidad inesperada es muy superior a la rentabilidad esperada) pero mejora nuestras opciones de éxito.

Conclusión

Invertir implica dejar de consumir hoy para poder consumir más en el futuro. El éxito inversor depende del futuro que nadie conoce y por tanto de la suerte. Como la suerte es tan importante, no merece la pena perder tiempo intentando buscar al mejor gestor o dedicarnos a buscar el mejor momento para entrar en bolsa o en buscar la acción que mejor lo hará el año que viene.

No obstante, pagar menos comisiones y diversificar más aumenta las posibilidades de que el futuro sea exitoso.

Si ya eres cliente, recuerda que puedes invitar a tus amigos y familiares y que ambos tendréis un descuento de comisiones en vuestra cartera de fondos.

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Suerte o talento


La suerte es un factor muy importante en muchos ámbitos y habitualmente tendemos a minusvalorar la relevancia que tiene. Por supuesto que el talento importa, pero los datos muestran que la suerte es muy determinante a la hora de entender el éxito en cualquier actividad.

En este artículo vamos a analizar el caso del éxito inversor, que se presta muy bien a un análisis estadístico, ya que hay decenas de miles de gestores de fondos que aspiran a ser mejores inversores que el resto. En particular vamos a revisar el interesante artículo de Eugene Fama y Kenneth French, publicado en la prestigiosa revista académica Journal of Finance en el año 2010 titulado “Luck versus Skill in the Cross Section of Mutual Fund Returns”.

En este artículo los autores se hacen una pregunta muy relevante: “El número de gestores que tienen muy buenas (o muy malas) rentabilidades, ¿es consistente con la suerte?” Para analizarlo, utilizan datos de fondos de inversión de acciones del mercado estadounidense en el período 1984-2006 y comparan el valor que aporta cada gestor (el “alfa”) con una serie de simulaciones donde el “alfa” real de los fondos es cero.

De manera intuitiva: si se realiza una simulación bajo la hipótesis de que tu alfa real es cero, únicamente por suerte, podría darse el caso de que obtengas una rentabilidad muy positiva. En realidad, no tienes ningún talento, pero has tenido suerte.

El resultado que obtienen Fama y French es muy interesante: teniendo en cuenta las rentabilidades netas para los inversores, los fondos demuestran una falta de talento muy consistente. Esto es, incluso el número de fondos que obtienen rentabilidades espectaculares es menor del que se esperaría por puro azar.

Esto es lo que indica la gráfica a continuación. La lectura del gráfico es relativamente compleja y lo explicamos al final del artículo. Lo que importa es que si la curva de fondos reales (“Actual”) está a la izquierda de la curva de fondos simulados (“Simulated”) entonces los fondos reales tienen un comportamiento peor que el que se esperaría por suerte.


(gráfico neto de comisiones)

La siguiente pregunta es obvia: “¿Cómo es posible que la gran mayoría de los fondos se comporten peor que una simulación que asume que no hay ningún talento? Los lectores asiduos a este blog conocerán la respuesta: las comisiones. En las simulaciones se asume que no hay comisión de gestión (similar a la inversión en un fondo indexado en EEUU que cubre la pequeña comisión de gestión con el préstamo de títulos) y, por tanto, un grupo de gestores sin talento que no cobren comisiones lo van a hacer estadísticamente mejor que la industria de fondos estadounidense.  El aprendizaje es claro: hay que pagar pocas comisiones.

Dicho esto, surge la siguiente pregunta teórica: “Y si añadimos las comisiones, la rentabilidad bruta de los fondos, ¿es consistente con la suerte, o hay buenos y malos gestores? La pregunta es teórica porque a los inversores en fondos solo nos interesa la rentabilidad neta de comisiones, pero no deja de ser una pregunta muy interesante. La evidencia que dan los autores es sorprendente: con rentabilidades brutas (antes de comisiones), hay un mayor número de fondos con rentabilidades elevadas del que se obtendría por suerte, y también hay un mayor número de fondos con rentabilidades bajas del que se obtendría por suerte. Esto se puede observar en el gráfico a continuación:


(gráfico añadiendo las comisiones)

Por tanto, a posterior, se puede afirmar que sin tener en cuenta sus comisiones, hay gestores que aportan valor y otros que los restan. Por supuesto, esto no nos dice nada de como anticipar y poder elegir los que lo van a hacer bien de los que lo van a hacer mal.

Conclusión

La suerte es un factor incontrolable y no se puede contar con ella. En cambio, las altas comisiones son unas termitas que van progresivamente devorando tu patrimonio con toda seguridad y te dejan prácticamente sin opciones de obtener una alta rentabilidad a largo plazo. Por tanto, busca soluciones de inversión como Indexa que minimicen las comisiones para maximizar tu rentabilidad.

Explicación técnica de los gráficos

El gráfico muestra la función de distribución estimada del estadístico t de los alfas “t(α)”. Para medir la calidad de la gestión, se suele utilizar el alfa directamente, pero los autores explican que es mejor utilizar el estadístico t de la estimación del alfa ya que ofrece más robustez. Lo que se explica a continuación es básicamente una traducción del artículo de Fama y French.

El estadístico t(α) es la división entre una estimación del alfa de un fondo y el error estándar de la estimación. Se trata de una medida de la precisión o fiabilidad del alfa estimado de la inversión. Cuando la precisión es baja, el error estándar es alto y viceversa. Dividiendo cada estimación α por su error estándar se obtienen estimaciones ajustadas con precisión que permiten comparaciones significativas entre los fondos.

Por ejemplo, el percentil del 1% de la t(α) para los fondos reales es -3,87, lo que significa que el 1% de los 3.156 fondos de la muestra (32 fondos) tiene estimaciones de t(α) por debajo de -3,87. El percentil del 10% de t (α) para los fondos reales es -2,34, por lo que el 10% (316) de nuestros fondos tiene estimaciones de t(α) iguales o inferiores a -2,34. En el otro extremo de la distribución, el percentil 90% de t(α) para los rendimientos reales es 1,01 o equivalentemente, el 10% de los fondos (316) han obtenido un t(α) superior a 1,01.

Si se ignoran los efectos del azar, el rendimiento de los fondos con estimaciones altas de t(α) parece espectacular. Recuerda que t(α) es la relación entre una estimación α y su error estándar. El error estándar de las estimaciones de α en la muestra de los autores es de 0,28. Por tanto, un valor de t(α) de 1,01 se traduce de media en una estimación del alfa de alrededor de 0,28% por mes o alrededor de 3,36% por año, durante toda la vida del fondo. Los gestores que producen un alfa de 3,36% (316 en la muestra) anual o más por año son ungidos por la prensa y presentados como gestores estrellas. No obstante, esta conclusión es errónea: en la muestra aleatoria, un 16% de los fondos han obtenido un alfa superior al 3,36% (ver gráfico 1), muy superior al 10% de los fondos que lo han obtenido en la realidad.