Análisis de la composición de nuestras carteras 2022

Hace aproximadamente 4 años publicábamos en el blog un análisis de la composición de nuestras carteras. En este nuevo artículo, vamos a actualizar ese análisis y a destacar las principales diferencias que hay entre las carteras que había entonces y las carteras actuales.

En Indexa construimos las carteras utilizando fondos y planes de pensiones indexados con diversificación global. Las carteras de fondos actuales están compuestas por entre 2 y 12 fondos de inversión que buscan replicar cada uno el comportamiento de una clase de activo, por ejemplo, las acciones europeas o los bonos gubernamentales de Estados Unidos.

Esta forma de visualizar las carteras nos permite tener una visión global sobre la inversión que estamos realizando, aunque no hace posible conocer exactamente en qué compañías se está invirtiendo o a qué gobiernos se está presentado dinero. A continuación, vamos a desgranar las diferentes exposiciones de una cartera típica y a compararlas con la cartera típica que teníamos hace 4 años.

A modo de ilustración, escogemos una cartera 6/10 para cuentas entre 10 y 100 mil €. Esta cartera invierte en las siguientes clases de activo:

Clase de activo 04/2018 05/2022 Diferencia
Total acciones 52% 52% 0%
Acciones Europa 13% 12% -1%
Acciones Estados Unidos 26% 25% -1%
Acciones Economías Emergentes 8% 6% -2%
Acciones Japón 5% 4% -1%
Acciones globales pequeña capitalización 0% 5% 5%
Total bonos 48% 48% 0%
Bonos Empresas Europeas 9% 9% 0%
Bonos Gobiernos Europeos 16% 13% -3%
Bonos Europeos ligados a la Inflación 23% 5% -18%
Bonos Empresas Estados Unidos cubierto a EUR 0% 8% 8%
Bonos Gobiernos Estados Unidos cubierto a EUR 0% 13% 13%

Como podemos observar en la tabla superior hay diferencias significativas en cuanto al peso por clase de activo. Aun así, se ha mantenido la distribución entre acciones y bonos que sigue siendo de 52% y 48% respectivamente manteniendo esta cartera con un riesgo medio.

En cuanto al peso por activo, se observa que en las acciones se ha añadido la clase de «Acciones globales de pequeña capitalización», a cambio de disminuir el peso de todas las demás clases de acciones. Esto lo hicimos debido a que nuestras carteras solo tenían exposición a compañías de gran y mediana capitalización, pero faltaba la exposición a compañías de pequeña capitalización.

En cuanto al peso por activo de los bonos se han añadido dos categorías nuevas de bonos de Estados Unidos, uno de empresas y otro del gobierno estadounidense. A cambio, se han disminuido los pesos de los fondos de gobiernos europeos y bonos ligados a la inflación. Estas dos clases las añadimos para incluir diversificación entre bonos europeos y bonos estadounidenses y diversificar así el riesgo de crédito.

Puedes encontrar más información al respecto en nuestro artículo “Incorporamos bonos de estados Unidos y acciones de pequeña capitalización”.

Principales emisores

A continuación, vamos a analizar los principales emisores de esta cartera. Un emisor es la entidad que emite acciones o bonos para que los inversores los suscriban. Son principalmente gobiernos, empresas y entidades supranacionales (como la Unión Europea). Los 30 principales emisores son:

Estos 30 emisores representan el 41,9% de la cartera. En esta cartera hay 7.165 empresas (acciones) y 2.923 emisores de bonos. Por tanto, nos encontramos ante una cartera muy diversificada.

En las primeras posiciones encontramos bonos de gobiernos. El primero, con significativamente más peso que el resto, son los bonos de Gobiernos de Estados Unidos que representa un 13,2% de la cartera. A continuación, encontramos algunos países europeos como Francia, Italia, Alemania y España que pesan un 15,4%. En unas posiciones inferiores encontramos las emisiones de gobiernos belgas y de Países Bajos, con un peso conjunto de 1,4%. También representan un peso relevante en la cartera el conjunto las entidades supranacionales que tenemos actualmente en Europa, el Banco Europeo de inversiones, los bonos de la unión y el fondo europeos de estabilidad financiera, que representan un 0,9%. El conjunto de bonos de gobiernos europeos representa un 21,8% del total de la cartera. El porcentaje total de bonos de gobiernos en esta cartera es de 36,8%.

En cuanto a las primeras posiciones de compañías las ocupan Apple, Microsoft, Alphabet (Google) y Amazon. Empresas tecnológicas que representan el 5% de la cartera. Posteriormente, y ya con representaciones pequeñas de menos de 0,5% por empresa, encontramos empresas como Tesla, de la industria de automoción, empresas financieras como JPMorgan Chase, Berkshire Hathaway y Bank of America, empresas petroleras Exxon Mobil y Shell, más compañías del sector tecnológico como Taiwán Semiconductor, Nvidia, Meta Platform (Facebook) y ASML (circuitos integrados), y farmacéuticas como UnitedHealth, Johnson & Johnson, Roche y AstraZeneca.

Las únicas empresas europeas de esta lista de principales emisores representan un total del 1,8%: dos empresas suizas, Nestlé y Roche, con un peso total de 0,8%, las empresas británicas UnitedHealth y Shell, con un peso de 0,7%, y la empresa de países bajos ASML, líder en la producción mundial de circuitos integrados.

La única empresa asiática de esta lista es la Taiwanesa Taiwan Semiconductor, empresa de fundición de semiconductores que representa un 0,4% de la cartera.

En el siguiente gráfico mostramos por emisor las principales diferencias de la cartera actual con la que teníamos hace 4 años:

En este gráfico observamos que la principal diferencia es la drástica diminución de los pesos de los bonos europeos, que disminuyen su peso en un 18,5% y el aumento significativo de un 13,2% de los bonos de gobierno de Estados Unidos. Con ello se ha diversificado significativamente el riesgo de crédito de la cartera.

Dejan de forma parte de la lista de los principales emisores de la cartera empresas asiáticas como Tencent, Alibaba y Samsung Electronics y empresas financieras como Wells Fargo y HSBC. Y aparecen nuevos emisores como Tesla, Nvidia y ASML. Es relevante también mencionar el auge de las empresas farmacéuticas en este periodo ya que aparecen en la lista de principales emisores como UnitedHealth, Roche y AstraZeneca que antes no aparecían, y junto a Johnson & Jonhson representan ahora un 1,2% de la cartera. Este cambio se debe a que la capitalización de las empresas que entran en la lista ha aumentado sustancialmente en este periodo, y, sobre todo, ha aumentado más con respecto a las que salen.

Por todo lo expuesto anteriormente y recordando que hace 4 años los 30 principales emisores de la cartera representaban un 46,7% podemos concluir que la nueva cartera es más diversificada que la de hace 4 años tanto por emisor, como por geografía como por clase de activo.

Principales sectores

Si realizamos el análisis global por sector para la cartera actual, podemos observar que las principales posiciones las ocupan los gobiernos europeos (incluyendo entidades supranacionales o emisores avalados por el gobierno) con un 21,8%, el gobierno de Estados Unidos con 15%, compañías industriales que representan un 11,7% de la cartera y finalmente compañías financieras y aseguradoras que representan un 11,5%.

En el siguiente gráfico mostramos la comparativa de la cartera actual con la cartera de hace 4 años utilizando la sectorización de GICS (Clasificación Industrial Global Estándar):

La mayor diferencia la volvemos a encontrar con la incorporación de la clase de activo de Gobiernos de Estados Unidos, ya que hace 4 años no teníamos esta clase de activo, y que esto ha afectado significativamente a la disminución del peso de los gobiernos europeos.

La otra gran diferencia la vemos en el peso del sector industrial, que aumenta un 5,6% hasta 11,7% en la cartera actual. La razón principal es que en el fondo que recientemente hemos incorporado de bonos de empresas de Estados Unidos el 41,9% está constituido por bonos de compañías industriales.

Otros sectores que se encuentran representados con más peso en la cartera actual que en la de hace 4 años son los servicios de comunicación, por el auge de los servicios de internet, y las eléctricas, con un 1,8% y un 0,5% de diferencia respectivamente. Como también se podía intuir, las empresas farmacéuticas representan un 0,6% más en la cartera actual que en la de hace 4 años.

A continuación, mostramos las empresas más relevantes por sector de la cartera actual:

Sector Peso Principales ejemplos
Gobiernos Europa 21,8% Francia, Italia, Alemania, España
Gobiernos Estados Unidos 15,0% Gobiernos Estados Unidos
Industriales 11,7% Siemens, Airbus, General Electric, Caterpillar
Financieras y asesguradoras 11,5% Berkshire Hathaway, JPMorgan Chase, Bank of America
Tecnología de la información 10,0% Apple, Microsoft, Nvidia, ASML
Farmaceúticas 6,5% Johnson & Johnson, UnitedHealth, Roche, Astrazeneca
Consumo discrecional 6,0% Amazon, Tesla, Toyota, Home Depot, Louis Vuitton
Consumo básico 4,0% Nestle, Procter & Gamble, Coca-Cola, Pepsi, Unilever
Servicios de comunicación 3,8% Alphabet (Google), Meta Platform (Facebook), Verizon, Tencet
Materiales 2,8% Linde, Air liquide, Rio Tinto, Shin-Etsu Chemical
Energía 2,8% Exxon Mobil, Shell, Chevron, TotalEnergies
Eléctricas y gas 2,5% NextEra Energy, Iberdrola, Enel, National Grid
Inmobiliarias 1,6% American Tower, Prologis, Crown Castle, Equinix

Elegimos las clases de activos y los índices, no los emisores ni los sectores

El proceso de construcción de las carteras en Indexa no elige los emisores ni los sectores en los que se invierte. Nuestra construcción de cartera elige las clases de activo, como Acciones de Estados Unidos. Para cada clase de activo elegimos un índice, el más representativo, por ejemplo, el índice S&P 500 para el caso de las acciones de Estados Unidos, y un fondo, el que mejor se ajuste a dicho índice en términos de costes, liquidez y tracking error (seguimiento del índice). En nuestras carteras hemos elegido el fondo de Vanguard US 500 Stk Idx Eur – Ins Plus para representar la clase «Acciones de Estados Unidos».

Por tanto, las acciones y bonos en los que están invertidos nuestros clientes son los que índica el índice de referencia. Este índice lo definen las empresas de construcción de índices, como Standard and Poors para el caso del índice S&P 500. Y, en general, seleccionan las empresas con mayor capitalización bursátil y mayor liquidez o los bonos con mayor volumen emitido y mayor liquidez.

En cuanto al peso de cada emisor en sus índices, está definido de igual manera, por capitalización bursátil de cada empresa en su índice, y por el importe emitido de cada bono dentro del índice. De forma que las empresas y los emisores más grandes tendrán más peso en los índices.

Carteras de menos de 10 mil €

En las carteras de menos de 10 mil euros, la exposición a acciones utiliza un fondo de renta variable global desarrollada, Vanguard Global Skt Idx Eur – Ins Plus, así que también hay exposición a zonas geográficas como el Pacifíco ex – Japón o Canadá.  Por ejemplo, se invierte también en empresas como Royal Bank of Canada, Enbridge, South32 o Commonwealth Bank of Australia.

Asimismo, la exposición a bonos se implementa a través de un fondo de renta fija global, Vanguard Global Bnd Idx Eur – In Plus, por lo que estas carteras tendrán exposición a otros gobiernos desarrollados, como Japón, Canadá o Pacífico ex – Japón.

En esta cartera hay 1.559 empresas (acciones) y 2.861 emisores de bonos.

Carteras de más de 100 mil €

En las carteras de más de 100 mil euros se invierte en los mismos activos que en las carteras de 10 a 100 mil euros, y además en acciones de Pacífico ex – Japón, así como en bonos de países emergente en divisa fuente. Por tanto, también tienen exposición a emisiones de gobiernos de países como México, China o Brasil. En esta cartera hay 7.287 empresas (acciones) y 3.005 emisores de bonos.

Carteras de planes de pensiones

Mientras nuestras carteras de fondos están compuestas por 2 a 9 fondos, nuestras carteras de planes de pensiones están compuestas por 1 a 2 planes de pensiones que a su vez están compuestos por 8 y 9 ETFs cada uno.

Nuestro plan de pensiones de acciones globales, Indexa Más Rentabilidad Acciones, está compuesto por 8 ETFs indexados de acciones, y nuestro plan de pensiones de bonos, Indexa Más Rentabilidad Bonos, está compuesto por 9 ETFs indexados de bonos.

Con ello, las carteras de planes de pensiones están compuestas de 8 a 17 ETFs, vs 2 a 12 fondos para las carteras de fondos. Incluimos más ETFs en las carteras de planes que en las carteras de fondos porque existen muchos más ETFs indexados disponibles que fondos indexados y porque por ley en los planes de pensiones hay limitaciones en cuanto a la exposición máxima por gestora hasta un máximo de 20% por gestora.

Gracias a ello, podemos incluir algunas clases de activo adicionales. En nuestras carteras de planes de pensiones, además de en todos los anteriores, se invierte también en los bonos emitidos por empresas de baja calidad crediticia (también conocidos como bonos de alto rendimiento) que son principalmente industriales como Altice, Sprint Corporation o First Data Corporation.

Si aún no estás indexado con nosotros: no dudes en responder a nuestro breve test de perfil inversor (2 minutos) para ver qué cartera te podemos ofrecer, sus pronósticos de rentabilidad, sus costes, … sin compromiso y sin tener que facilitarnos ningún dato personal.

Limitaciones de la indexación global pura

En Indexa somos unos firmes defensores de la indexación global por capitalización y de evitar a toda costa el sesgo local (“home bias”) que habitualmente tienen los inversores y los gestores.

Como mostramos en un nuestro artículo a ”El homo indexatus, invertir a largo plazo y los cisnes negros”, un inversor desde 1899 hasta la actualidad que se hubiera indexado al mundo habría obtenido una rentabilidad real de 5,0% anual (esto significa que hubiera aumentado un 5% su poder adquisitivo cada año y que se hubiera duplicado el valor real de la cartera cada 14 años). Esta rentabilidad es muy significativa y más que suficiente, pero además se consigue con un riesgo menor que eligiendo un país concreto ya que la diversificación reduce la volatilidad.

Por estas razones recomendamos “comprar el mundo” y desde nuestro lanzamiento hace cuatro  años, hemos defendido por ejemplo, que las acciones de Estados Unidos debían tener un peso muy significativo en las carteras a pesar de que “habitualmente el S&P500 está en máximos”.

No obstante, tanto en nuestras carteras de fondos como en nuestras carteras de planes de pensiones, el peso que tienen las acciones de Estados Unidos es inferior al peso del 55% que tiene en la capitalización global. La razón es que la indexación global pura por capitalización tiene dos problemas. Por un lado, ignora la fiscalidad del inversor y por otro es vulnerable a posibles burbujas.

La indexación global pura ignora la fiscalidad del inversor

Este es el efecto más evidente de los dos. El mejor ejemplo es el de un inversor europeo que invierte en Estados Unidos. Sobre inversiones en acciones en Estados Unidos, los fondos de inversión no estadounidenses sufren una retención del 30% sobre los dividendos, y no pueden recuperar esta retención (se pierde un 30% de los dividendos). Por tanto, un inversor europeo en acciones de Estados Unidos tiene una menor rentabilidad esperada que un inversor estadounidense invirtiendo en acciones de Estados Unidos , por lo que el inversor europeo debería invertir menos en Estados Unidos que un inversor estadounidense (ya que el riesgo es el mismo para ambos). En el caso extremo de que se perdiera el 100% del dividendo entonces el inversor europeo no debería invertir en Estados Unidos.

Si aplicamos la indexación pura por capitalización no estamos teniendo en cuenta este efecto que tiene la discriminación fiscal. La razón por la que Estados Unidos pesa el 55% de los mercados globales es porque una gran parte de los inversores son estadounidenses. Si la mayoría de los inversores fueran europeos, el peso de Estados Unidos sería seguramente inferior (por el impacto de la fiscalidad).

La indexación global pura es vulnerable a burbujas

Este es un efecto más sujeto a interpretación ya que podría considerarse que implica cierta visión activa. En el pico de su burbuja de los años 80, el mercado Japonés llegó a pesar un 44% del índice MSCI World (mientras el peso medido por PIB era 4 veces inferior) y actualmente pesa algo menos de un 10% del MSCI World.  Por otro lado, el PER (Price to Earnings Ratio, o ratio del precio de las acciones dividido por los beneficios) en aquella época estuvo en el rango de 70x lo cual implica que se estuvo pagando los beneficios de 70 años para comprar empresas (o que tardarías 70 años en amortizar una compra con los beneficios actuales). Una valoración de PER de 70 veces para un mercado desarrollado es coyuntural y eventualmente volverá a bajar, bien porque aumentarán los beneficios, o bien porque caerán los precios de las acciones, o una mezcla de los dos.

Fuente: Schroders – MSCI

Por tanto, surge la duda de si no sería razonable marcar un mínimo de diversificación por zona geográfica para evitar estas desmesuras que el mercado tiene ocasionalmente. De forma similar, se podría plantear establecer un mínimo de diversificación por sector económico (consumo, petróleo, tecnología) para minimizar el impacto de burbujas como la del año 2001.

Matizando la indexación global pura

Por estas dos razones, consideramos que hay que matizar los pesos que propone la indexación global pura. Por un lado, hay que penalizar las regiones que te cobran más impuestos y por otro conviene establecer un mínimo de diversificación. Para calcular cuánto reducir el peso de las acciones de Estados Unidos en nuestras carteras, tenemos dos opciones:

  1. Se puede calcular qué parte del beneficio de las empresas perdemos por impuestos. Teniendo en cuenta que el porcentaje que se paga en dividendos en EEUU es aproximadamente un 35% y que se pierde un 30% de ese dividendo entonces se debería reducir un 10% el peso.
  2. O asumiendo que el valor de una acción es el flujo descontado de dividendos, entonces el peso debería ser un 30% menos.

No existe una forma obvia de cómo reducir el peso de Estados Unidos en nuestras carteras. En nuestras carteras de fondos de inversión, hemos limitado el peso de las acciones de Estados Unidos a 35% de la cartera total que incluye mínimo 21% de bonos, lo que equivale a un peso máximo de 44% del total de las acciones en la cartera (35% de 79% es igual a 44%). En cuanto a nuestro plan de pensiones de acciones (Indexa Más Rentabilidad Acciones PP), hemos limitado el peso de las acciones de Estados Unidos al 45% de este plan. En ambos casos el porcentaje máximo de acciones de Estados Unidos es similar, 44% o 45% de la renta variable de la cartera, y es inferior al peso actual de las acciones de Estados Unidos en la capitalización bursátil mundial, que es del 55% del MSCI All Countries (índice que aglutina las empresas de gran capitalización de países desarrollados y emergentes). Se trata de una reducción de 10 puntos porcentuales (45-55%) que equivale a una reducción de aproximadamente 18% del peso de las acciones de Estados Unidos (10/55 = 18%), a medio camino entre las dos opciones detalladas más arriba, de reducir un 10% o de reducir un 30%.

Conclusión

Los impuestos y las burbujas hacen que la indexación pura por capitalización no sea una opción perfecta y que necesite ser matizada. No existe una mejor forma de limitar el peso de las acciones de Estados Unidos, pero sin duda hay que limitarlo de alguna manera. En Indexa hemos decidido limitar el peso de las acciones de Estados Unidos a +- 45% de la inversión en acciones a nivel global, debajo del peso que le correspondería a Estados Unidos por la capitalización bursátil actual (55%), con el objetivo de mejorar la rentabilidad por riesgo de nuestras carteras para nuestros clientes.

El homo indexatus, invertir a largo plazo y los “cisnes negros”

Los gestores recomendamos invertir a largo plazo y en general también insistimos en la importancia de la diversificación. Acudimos a datos históricos de índices para mostrar como la rentabilidad de los mercados a largo plazo merece la pena. “A largo plazo la bolsa renta un x% así que siéntate, se paciente y deja que el capitalismo trabaje por ti”.

No obstante, si uno echa la vista atrás, la historia está repleta de eventos extremos e inesperados que cambiaron el tablero de la inversión en muchas geografías. Por ejemplo, el surgimiento del comunismo en China 1949 o la revolución soviética en Rusia en 1917 hicieron que los inversores en la bolsa China o Rusa perdieran todo el dinero invertido.

Estos eventos que cambian la estructura del mercado y que tienen un impacto extremo se han popularizado como “cisnes negros” por Nassim Nicolás Taleb. Es su libro “El Cisne Negro”, Taleb viene a decir que como lo realmente importante no es predecible no vale la pena perder el tiempo intentando predecir o medir la rentabilidad y riesgo de tu cartera: es un trabajo fútil.

Así que un inversor que se indexa con nosotros a largo plazo haría muy bien en preguntarse si, en caso de que ocurriera un cisne negro en el futuro, se cumplirían las expectativas de rentabilidad que tenemos o no.

Personalmente yo tenía la siguiente duda desde hace tiempo: ¿Cómo le hubiera ido a un inversor indexado al mundo desde 1900? Ya sabemos que el mercado americano ha ido fantásticamente bien. Pero alguien que hubiera estado invertido en todos los mercados proporcionalmente a su importancia desde 1900 y que se hubiera cruzado con todos los eventos del siglo XX y el comienzo del XXI, ¿hubiera ganado dinero o hubiera perdido dinero? A este inversor vamos a llamarle homo indexatus ya que claramente es una especie superior al homo sapiens por haber estado indexado al mundo en 1900 cuando estábamos en un mundo imperialista y cuando haber estado diversificado a nivel global era muy complicado.

Lamentablemente buscar datos tan antiguos es extremadamente difícil, especialmente para los mercados no desarrollados. Por suerte, recientemente nos ha llegado a través de nuestro asesor Luis M. Viceira el “Credit Suisse Global Investment Returns Yearbook 2019” realizado por Elroy Dimson y sus colaboradores Paul Marsh y Mike Staunton, que han realizado el enorme trabajo de recopilar esta información.

Vamos a utilizar los datos de este informe para comprobar hasta qué punto te hubieran afectado los cisnes negros del siglo pasado para comprobar si podemos estar un poco más tranquilos de cara al futuro de nuestras inversiones. Ya sé que por definición no vale de nada extrapolar los cisnes negros del pasado, porque los del futuro serán distintos, pero 119 años de historia, desde 1900 hasta ahora, son muchos años.

El mundo en 1899

El mundo en 1899 era totalmente diferente. Prácticamente nadie había conducido un coche, hablado por teléfono, utilizado luz eléctrica o visto una película. Por supuesto, no había ordenadores, ni internet, ni televisión, ni aviones, ni móviles. En aquella época el mundo estaba inmerso en una revolución industrial que dio lugar a la electricidad, las comunicaciones, la industria química o la del petróleo. El sector predominante entonces eran los ferrocarriles. En Reino Unido, las empresas relacionadas con el transporte ferroviario acaparaban casi el 50% de toda la capitalización, mientras que en Estados Unidos superaban el 60%. Por otro lado, los principales sectores de hoy en día (Tecnología, Salud o Petróleo) ni siquiera existían. Si un inversor de entonces apareciera en 2019, no sabría qué hacer.

En cuanto a la balanza de poder y riqueza global era totalmente distinta a la de hoy.  En 1899, los cinco mayores mercados de valores del mundo eran, Reino Unido (25%), Estados Unidos (15%), Alemania (13%), Francia (12%), Rusia (6%), Austria (5%) y Bélgica (4%).

El mundo en 2019

El mundo de 2019 es un mundo mucho más global, donde las grandes empresas venden en todo el mundo independientemente de su origen. La capitalización bursátil está muchísimo más centralizada en Estados Unidos (53%), seguidos de lejos por el resto de países: Japón (8%), Reino Unido (5%), China (3%), Francia (3%) y Alemania (3%).

Por tanto, el mercado de Estados Unidos es el que mayor crecimiento ha presentado en los últimos 120 años: en términos nominales ha rentado un 9,4% al año (equivalente a multiplicar por 44.663 la inversión), mientras que en términos reales (descontando la inflación) ha rentado un 6,4% anual (equivalente a multiplicar por 1.521 tu inversión). Así que está claro que invertir en el mercado de Estados Unidos en 1899 hubiera sido tremendamente exitoso.

Pero un homo indexatus no elige mercados concretos, porque es consciente de que no se puede saber qué economía va a destacar en el futuro. En aquella época, el mercado más prometedor hubiera parecido ser seguramente el Reino Unido, que sin embargo obtuvo una rentabilidad real menor a la de Estados Unidos (5,4% anual en el Reino Unido desde 1899 hasta 2018, vs. 6,4% en Estados Unidos).

La rentabilidad del homo indexatus desde 1899 hasta 2018

¿Cómo le hubiera ido al homo indexatus que hubiera invertido de acuerdo con el tamaño de las empresas (cuanto mayor fuera la capitalización de la empresa mayor inversión)? La respuesta es que hubiera obtenido una rentabilidad real de 5,0% anual (esto significa que hubiera aumentado un 5% su poder adquisitivo cada año). Y esta rentabilidad incluye haber sufrido todos los cisnes negros de los últimos 120 años. Incluye haber invertido en todos los mercados que desaparecieron, como Rusia que pesaba un 6% en 1899, el mercado japonés, que cayó un 85% en el año 1946 tras el bombardeo nuclear, y el mercado europeo cayó un 47% en la crisis crediticia de 2008.

En la siguiente gráfica y en la tabla correspondiente puedes encontrar un resumen tanto de las rentabilidades reales como de la volatilidad anual de diferentes países y del mundo en el período 1899-2018:

1899-2018 Rentabilidad real anual
(descontando la inflación)
Volatilidad
(riesgo)
Ratio de Sharpe
(rentabilidad / riesgo)
Estados Unidos 6,4% 19,9% 0,32*
Mundo 5,0% 17,4% 0,29
Reino Unido 5,4% 19,7% 0,27
Suiza 4,4% 19,4% 0,23
Europa 4,2% 19,8% 0,21
Japón 4,1% 29,3% 0,14

* Fe de errata 15/11/2019: en una versión anterior, EEUU parecía por error con un ratio de Sharpe de 0,23 en lugar del dato correcto de 0,32. Lamentamos el fallo y pedimos disculpas por la confusión que hemos podido ocasionar.

Lo más reseñable de este cuadro es algo que un homo indexatus conoce bien: diversificar paga. El segundo ratio de Sharpe más alto (que mide la rentabilidad por riesgo) lo encontramos al invertir en el mundo. Podrías haber tenido un ratio de Sharpe mayor invirtiendo en Estados Unidos pero para ello habría que haber tenido la suerte de elegir este mercado para concentrar tu inversión desde 1900. En todos los demás mercados comparados (Reino Unido, Suiza, Europa y Japón) el ratio de Sharpe ha sido menor que la rentabilidad por riesgo del mundo.

Por otro lado, es conveniente destacar que el ratio de Sharpe que ofrecen a largo plazo lo mercados está en torno a 0,25%, mientras que en el último informe de rentabilidad de Indexa, veíamos que el ratio de Sharpe de nuestras diferentes carteras desde el lanzamiento hasta el 30/06/2019, se encontraba en el rango 0,76-1,10 muy por encima de la media de los últimos 120 años. Esto implica que muy posiblemente en el futuro veamos un aumento de la volatilidad o una disminución de la rentabilidad o los dos simultáneamente.

Conclusión

En este artículo hemos utilizado los datos del colosal estudio “Credit Suisse Global Investment Returns Yearbook 2019” para mostrar que haber comprado el mundo en el año 1899 hubiera sido una magnífica decisión de inversión. De hecho, hemos mostrado que, corregida por riesgo, invertir en una cartera global habría sido una mejor opción que invertir individualmente en las bolsas nacionales, salvo si hubieras tenido la suerte de elegir la que ha resultado ser la más exitosa en este periodo (Estados Unidos).

Por tanto, en base a 120 años de historia, la estrategia de “comprar el mundo” sigue mostrándose como una estrategia ganadora (haciendo notar como siempre que rentabilidades pasadas no aseguran ni predicen rentabilidades futuras).